CINCO CLAVES DE TIGRE CAMPEÓN

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El Matador de Victoria escribe su historia. Por primera vez, Tigre se consagró campeón de Primera División. Lo hizo, además, de una forma inusual: apenas semanas después de descender a la Primera B Nacional. El fútbol argentino guardará una página de color más que atractiva para hablar de este equipo dirigido por Néstor Gorosito, que con su fútbol fue capaz de empatizar con hinchas de muchos clubes. Sirva entonces un repaso de algunas claves con las que contó el nuevo campeón.

PERSEVERANCIA

Luego de varias malas campañas, Tigre se encontró al límite en la tabla de promedios. Puede resultar trillado hacer referencia al descenso sufrido, pero realmente resulta difícil no pensar que la historia de este equipo campeón comenzó con una lucha que valió la pena ser dada. Si bien necesitaba de un milagro, el equipo de Victoria nunca bajó los brazos, y se volvió un perseguidor más que temible para los demás aspirantes a mantener la categoría. Y eso, a pesar de que el propio arranque de 2019 no fue el esperado. Mariano Echeverría dejó su cargo y Néstor Gorosito volvió a sentarse en el banco Matador, a pesar de que el destino parecía sellado. La llegada del nuevo cuerpo técnico sirvió para descomprimir y encontrar un mayor equilibrio. Cuando los resultados aparecieron, Tigre supo convivir semana a semana con la obligación. Cada partido podía significar el golpe de gracia para las aspiraciones de mantener la categoría, pero aún así, el equipo respondió con una perseverancia a prueba de balas. Luego, con el descenso ya concretado, el objetivo pasó por asimilarlo de la mejor manera posible para volver a competir con el enfoque correcto en la Copa Superliga. Y lo logró. Las dudas de cómo respondería Tigre al duro golpe para ver si podría mantener el nivel, quedaron despejadas con rapidez.

CONVICCIÓN

Obligado a ganar casi todos los partidos para mantener la categoría, Tigre optó por competir desde un plan que incluía mucho protagonismo y posesión. Al llegar los triunfos, en Victoria comenzaron a ganar confianza; a entender que ese plan era el que mejor potenciaba a muchos de sus futbolistas. Cada triunfo fortaleció la convicción de que había material para competir de igual a igual ante cualquier rival y en cualquier cancha. Ver a Tigre -antes y después del descenso- era encontrarse con un equipo que sabía lo que hacía, y que a pesar de la situación, se divertía al jugar un fútbol muy colectivo y vistoso. La Copa Superliga fue una revancha inmediata para un plantel que había entendido su capacidad competitiva. Sin complejos ni demasiados cuidados, Gorosito armó un equipo que siempre pensó primero en el arco rival. Cambiaron los nombres, pero el estilo se mantuvo. Futbolistas como Sebastián Prediger, Lucas Menossi, Walter Montillo, Diego Morales, entienden el fútbol desde el toque corto y la asociación. El de Tigre fue un plantel convencido y que habló el mismo idioma futbolístico.

COMUNIÓN

En enero de 2019, el Matador retomó su participación en Superliga frente a San Martín de Tucumán. Todavía Mariano Echeverría era el entrenador. El Estadio, aquel día, se llenó para enviar un mensaje a los jugadores: los apoyarían en el milagroso intento; no serían indiferentes en uno de los semestre más importantes de los últimos años. La comunión con la hinchada es un factor que suma a la hora de salir a la cancha y entregarse al máximo. Por respeto a su público, el plantel de Tigre jamás bajó los brazos. Ni siquiera cuando los primeros resultados del año no permitieron recortar puntos con sus competidores. Pero con la llegada de Gorosito y el inmediato primer triunfo, la ilusión reapareció. El público se animó a soñar y los jugadores no pudieron ser indiferentes ante esto. Cada partido del Matador resultó emotivo por el sentir de una tribuna que se aferraba al milagro y un plantel que correspondía a la ilusión con un fútbol atractivo, ofensivo y valiente. Banderazos y vibrantes recibimientos al equipo fueron ítems que ayudaron a fortalecer el vínculo, a tal punto que el dolor del descenso no logró opacar la empatía que los hinchas sintieron para con los jugadores. La Copa Superliga sirvió para aferrarse, entre otras cosas, a la buena comunión entre plantel y público. Vencer a un equipo lleno de confianza, herido en su orgullo y sin nada que perder, resultó tarea difícil para cada rival que cayó a manos de Tigre.

TALENTO

Un factor del que se habla poco para ponderar cuestiones más ligadas al plano emocional. Tigre tiene un plantel con jugadores de mucho nivel. Algunos lograron sentirse más cómodos que nunca en este equipo dirigido por Gorosito. Otros, supieron encontrar su lugar y adaptarse a las necesidades. Futbolistas como Montillo, Morales, Prediger, se caracterizan por su buen pie y tuvieron un contexto apropiado para sentirse importantes y explotar su talento. Otro caso, el de Lucas Menossi resulta impactante: mediocampista completo, con buen pase, capacidad para pisar el área, pegada, lectura, velocidad y polifuncional; su presencia potenciaría a más de un equipo de Primera División. En el fondo, Gerardo Alcoba y Néstor Moiraghi realizaron un semestre brillante, con mucha firmeza, juego aéreo, estoica defensa del área y cuando se lo requirió, salida limpia desde el fondo a pura personalidad. En el arco, Gonzalo Marinelli protagonizó atajadas de mucho valor para darle más vidas a Tigre. Y en ataque, el semestre de Federico González rozó la perfección. Un repertorio muy amplio para darle soluciones a sus compañeros: caídas a bandas, juego de espaldas, desmarques en profundidad, autosuficiencia cuando al equipo le costaba abastecerlo. Sin ser un futbolista de gran técnica, González se volvió imprescindible y es uno de los jugadores que mejor explica a Tigre por sus virtudes y perseverancia. Además, casos como los de Agustín Cardozo, Nicolás Colazo y Juan Cavallaro, demuestran que cada integrante del plantel se sentía importante y estaba preparado para responder cuando se lo necesitara.

LIDERAZGO Y SENTIDO DE PERTENENCIA

Además de «Cachete» Morales, Tigre cuenta con dos símbolos que dieron a descenso y título un alto valor emocional. El sueño de Martín Galmarini y Carlos Luna era poder mantener al equipo en Primera, luego de tantos años de defender la camiseta. No lo lograron, pero en ellos más que en nadie se reflejó el dolor y la tristeza por quedarse en las puertas del milagro. Pero el fútbol da revancha y muy rápido apareció otro sueño: el de conseguir la primera estrella para el club, algo ideal para sellar largas etapas como las de ambos símbolos tigrenses. Los históricos de Tigre aceptaron distintos niveles de protagonismo sin hacer demasiado escándalo. Desde su lugar supieron aportar para fortalecer la unión con el público. El plantel tuvo jugadores de mucha experiencia y personalidad para ayudar a asimilar las sensaciones de cada semana. Sin ir más lejos, también Gorosito fue otro líder super importante desde su mensaje calmo y con muestras de orgullo por lo que Tigre realizaba en la cancha. La armonía entre «los viejos ídolos» como Galmarini, Luna, Morales y el idilio con futbolistas recién llegados o de bajo perfil como Marinelli, Montillo, Janson, González, Prediger, resultó fundamental para que en Victoria todos estén unidos en una y otra lucha.

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1994. Si no rueda una pelota me siento incompleto. Cuando sea grande diré que vi jugar a Messi. Disfruto de leer y escribir.

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