JUGAR, SOLO JUGAR

0

El fútbol es el deporte más lindo de todos porque, aún en los tiempos de profesionalismo feroz y del advenimiento de las distintas tecnologías, la esencia permanece inalterable: es un juego, y como tal, hay lugar para el entretenimiento, la diversión. Con su premisa de juntar siempre dos o más jugadores y avanzar a puro toque, Tigre transformó el Coliseo de Victoria en un teatro digno del Teatro Colón por la calidad del espectáculo.

El 5-0 del equipo de Néstor Gorosito a Atlético Tucumán probablemente sea exagerado en cuanto a la diferencia entre ambos equipos, pero la noche de Tigre fue formidable: todos los engranajes funcionaron a la perfección, no hubo puntos flojos y jugaron un partido que ni en el más ideal de los sueños era posible. Desde el arranque, la voracidad por atacar lo puso de cara con Cristian Lucchetti. El gol de Lucas Menossi, previa seguidilla de seis toques de primera y una habilitación extraordinaria de Diego Morales, debe quedar inmortalizado en los anuarios del fútbol. El público del José Dellagiovanna parece no recordar el descenso sufrido semanas atrás, porque el disfrute es superior. El clima de fiesta parece no tener fin.

Tras el primer gol, Atlético rompió las dos líneas de cuatro fijas para intentar asentarse en campo rival. Con el juego directo característico, tanto Leandro Díaz como Javier Toledo fueron bien controlados por los centrales del Matador. Controlada esta faceta de juego directo, el que sacó la cara fue David Barbona, flotando de izquierda al centro, para generar asociaciones por dentro. Gonzalo Marinelli dijo presente cuando Leandro Díaz quedó mano a mano tras un gran pase de Rodrigo Aliendro, demostrando que el rendimiento en alza de Tigre genera un efecto contagio tan grande que, pese a las incontables lesiones, el nivel no se resiente.

En una contra furibunda, Federico González habilitó a Juan Cavallaro que definió de forma excelsa para convertir el 2-0 al cierre del primer tiempo. El conjunto de Ricardo Zielinski no es un equipo que invite a relajarse por una ventaja tan corta, y ante ese interrogante, Tigre demostró -una vez más- en el complemento, que este gran momento no es casualidad. La historia se resolvió en 15 minutos. Diego Morales, Nicolás Colazo y Juan Cavallaro convirtieron tres goles de alta factura para desatar el éxtasis en el estadio. El clima de contagio de adentro hacia afuera generó un ambiente de júbilo digno de una noche de fiesta. El resto del partido fue un mero trámite: Atlético intentó aproximarse al arco de Marinelli pero sin demasiado éxito, y Tigre esperó el cierre del partido con la tranquilidad de un resultado histórico. El categórico triunfo deja una gran enseñanza: hay que entrenar, planificar y perfeccionarse, pero no se puede abandonar la pasión por el juego.

Share.

About Author

Leave A Reply