EL VALOR DE LUCHAR POR ALGO

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¿Hay vida después del descenso? Hay luchas que valen la pena ser dadas. La Copa de la Superliga no funciona a modo de consuelo en este Tigre, sino como el incentivo de seguir derribando muros a través del juego y del coraje de nunca sucumbir en la lucha. Del 0-2 deslucido y casi infantil al 3-2 con ese desorden organizado que es el mediocampo del equipo de Néstor Gorosito, y con enorme cantidad de enganches ante la adversidad del resultado.

El 0-0 de la ida dejó totalmente abierta la serie. Colón se plantó con una cara distinta a la habitual de este semestre. La fiereza del Sabalero en la presión generó varias dudas en el Matador a la hora de la elaboración del juego, al punto que llegó en muchas ocasiones a enfrentar al arquero Gonzalo Marinelli. La falta de sintonía en el eje comandado por Jorge Ortíz – Lucas Menossi, más los apoyos de Walter Montillo bien tomado por Matías Fritzler, generó un sinfín de imprecisiones que conllevaron al desorden y a quedar expuesto defensivamente en varias oportunidades al cuadro de Gorosito. Los goles de Nicolás Leguizamón y Cristian Bernardi parecían despedir el semestre de la cenicienta de la Superliga.

El penal convertido por Lucas Janson al cierre del primer tiempo revivió a los de Victoria. El rumbo del partido cambió de forma radical, y Tigre comenzó a aceitar los circuitos de juego. La temprana igualdad de Matías Pérez Acuña llegó como un alivio ante la obligación de ganar para poder acceder a la siguiente ronda y que el sueño siga su curso. Una infantil expulsión de Alexis Niz trastoca los planes de cualquier equipo que debe ir por más goles, pero cuando la lucha que se intenta brindar no es solo futbolística, se da con más ganas.

Un sinfín de buenas asociaciones no bastaba para vencer la resistencia de Leonardo Burián, de buen partido. Cerca del final, el penal convertido por Carlos Luna, el capitán sin cinta y goleador histórico, cual película que debe tener un final feliz, le dio el triunfo al Matador. No es sólo fútbol. Cuando a un simple partido se le agrega la pasión por una forma, un estilo y la acérrima defensa del mismo, la voluntad no tiene techo. Y el sueño de Tigre de ir por más, tampoco lo tiene.

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