JERARQUÍA Y COMODIDAD

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Talleres y River se enfrentaron en Córdoba con idénticos dibujos tácticos. Cuatro defensores por bando, rombos en la mitad de cancha, y una pareja de delanteros. Los de Juan Pablo Vojvoda acostumbraron en este semestre a tres defensores centrales, pero la lesión de Leonardo Godoy, el retiro de Pablo Guiñazú, la sanción a Sebastián Palacios y la propia jerarquía del rival, motivaron el paso al 4-3-1-2. Por su parte, Marcelo Gallardo es un entrenador que se basa en la flexibilidad que le otorgan sus jugadores, y ante la lesión de Juan Fernando Quintero, optó por buscar potenciar la figura de Ignacio Fernández.

River no tardó en llevar la contienda hacia donde pretendía: el campo rival. A través de movimientos más aceitados con pelota, los de Gallardo lograron instalar con frecuencia a sus laterales en campo rival. Los apoyos de Lucas Pratto y Rafael Santos Borré fueron un punto a favor que dio paso a la exhibición de «Nacho» Fernández. El zurdo ex Gimnasia de La Plata fue indetectable; se movió a los costados de Andrés Cubas, intervino mucho y terminó por ser el jugador determinante con dos buenos goles.

Una vez River se instalara en campo rival, fue capaz de dañar con otro de sus mecanismos bien trabajados, como lo es la presión tras pérdida. Talleres, algo dubitativo por un plan de partido que no aportaba ventajas, se vio forzado a dividir demasiado la pelota, algo para lo que no está preparado. Como ya es costumbre, los de Gallardo presionaron de manera conjunta, con los delanteros muy involucrados, el propio Fernández sobre Cubas, Nicolás De La Cruz y Enzo Pérez como laderos de Ponzio. Ante esquemas idénticos, pesó la jerarquía para imponerse en duelos individuales, y la comodidad de mecanismos más aceitados. Al fin y al cabo, Talleres dio continuidad este semestre a una idea que protegía mejor carril central y permitía a sus carrileros superar la mitad de cancha.

En el complemento, los de Vojvoda se mostraron con mayor firmeza en los duelos, adelantaron el bloque unos metros e invitaron a un mejor contexto ofensivo. En definitiva: empujado por el resultado adverso, Talleres intentó dejar de respetar en exceso a su rival. La expulsión de De La Cruz fue una invitación a asentar ese protagonismo a través de la pelota, y ahí sí el local pudo ver algo de su calidad ofensiva, aunque el repliegue de River se mostró sólido y cuando cedió, se apoyó en Franco Armani para sostener la ventaja y firmar otro triunfo millonario.

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1994. Si no rueda una pelota me siento incompleto. Cuando sea grande diré que vi jugar a Messi. Disfruto de leer y escribir.

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