Liverpool campeón Supercopa de Europa.

FIRMINO APAGÓ LA MÚSICA

Chelsea enfrenta una temporada muy particular por la restricción que le impide incorporar jugadores. Para peor, la salida de su máxima estrella, Eden Hazard, confirmó que no sólo no habría posibilidad de mejorar el plantel existente, sino que el mismo se vería claramente debilitado. En esas condiciones, resultaría difícil buscar un entrenador con experiencia que asumiera el desafío, por lo que el club londinense decidió llamar a alguien de la casa como Frank Lampard, quien la temporada pasada realizó un buen trabajado en el Derby County, de la Segunda División. Después de un debut oficial con goleada en contra, el conjunto Blue debía enfrentar al último campeón de Europa: el poderoso Liverpool de Jurgen Klopp, a las claras favorito.

En su visita al Manchester United, Lampard intentó imponerse desde un 4-2-3-1 propositivo con pelota, pero para enfrentar a los Reds, optó por retomar el 4-3-3 característico del pasado curso, y adoptar una estrategia más reactiva que consistió en ceder el protagonismo a su rival y defender la mayor parte del tiempo en campo propio. Así, y luego de resistir un buen arranque del Liverpool, consiguió dar pasos lentos pero seguros que le llevarían a obtener el control del partido. Con N’Golo Kanté eligiendo con maestría el momento para saltar a la presión, y el resto del bloque respaldando, Chelsea logró encadenar robos bien capitalizados, pues la segunda parte del plan consistió en que Jorginho, Kovacic o el propio Kanté, filtraran con velocidad a espaldas del abierto mediocampo rival, mal posicionado por la pérdida. Allí apareció la grandeza de Pedro para dejar con frecuencia su puesto de extremo, crear línea de pase y girarse con velocidad suficiente para convertir la recuperación en una situación de peligro. El ex Barcelona se paseó por el campo lleno de vitalidad, inteligencia y determinación para dañar a la última línea Red. Cuando Christian Pulisic dijo presente y asistió a la gran diagonal de Olivier Giroud, Chelsea se adelantó en el marcador. Los de Klopp se mostraron confundidos, erráticos y sin el plan claro. Todo sucedía según lo planeado por Lampard. Hasta que Roberto Firmino saltó al campo.

El entrenador alemán debía echar mano a su equipo para volver a meterse en partido. Y dio en la tecla exacta con el ingreso de Firmino por un desapercibido Oxlade-Chamberlain. Con el brasileño en cancha, Sadio Mané dejó el carril central para ocupar su posición tradicional. Así, la circulación ganó dos líneas de pase: porque el senegalés maneja mejor los desmarques y el brasileño es todo un experto en el arte de encontrar los espacios. Liverpool no podía progresar hasta que Firmino entró, se movió, recibió, aguantó y dio continuidad a las jugadas. Chelsea pasó a defender (y a robar) varios metros más cerca de su arco. Y aunque el gol del empate llegó previo a que todos estos cambios surtieran efecto, la música que Lampard había elegido para el partido, dejó de escucharse. El inglés tomó nota de que el arco le quedaba cada vez más lejos, y refrescó con dos jovenes que pueden tener cosas para decir en esta temporada sin refuerzos: Mason Mount y Tammy Abraham.

Firmino, socio de todos, asistió para que Mané sellara su doblete, pero el propio Abraham se fabricó un penal ejecutado por Jorginho con su ya típica efectividad. A pesar de dos atajadas magistrales de Kepa, Chelsea nunca le perdió el pulso al partido e incluso pudo llegar al tercero mediante la frescura de sus juveniles. Y Klopp, a pesar de mover fichas, no logró que los suyos se impusieran desde lo táctico más allá de la ventaja que supuso el ingreso de Firmino. La Supercopa de Europa viajó hacia Anfield, pero la contienda dejó bien parado al proyecto de Lampard de cara a lo que viene.