Sportivo Italiano.

SPORTIVO ITALIANO: SALIR DEL AVERNO CON LA PELOTA AL PIE

El 29 de junio de 2012 estaba en el Coliseo de La Matanza, con lágrimas en los ojos, presenciando el descenso de Sportivo Italiano. Con un entrenador que hablaba mucho y coleccionaba pérdidas de categoría, dirigentes que paseaban por Punta del Este y un grupo de jugadores que se retiraron de la cancha sin una mueca de tristeza. Es más, hasta reclamando que se les pagaba poco. El gol de Juan Carlos Lescano (ese mismo que llevaría Daniel Passarella a River para que conozca las instalaciones del club unos meses) nos condenaba a lo peor, a la Primera C.

17 de mayo de 2014, estoy nuevamente llorando en la cancha, pero las lágrimas son de emoción, alegría, desahogo por dejar una categoría que nos quedaba chica, nos apretaba como esos zapatos que te regalan con par de números menos. Italiano renace, como alguna vez renació Roma del incendio.
La imagen es muy distinta a la de dos años atrás. Mario Rizzi, un técnico que llegó hablando de campeonar, de un equipo dinámico, de toque corto y triangulaciones. Muchos lo prometen pero él, con trabajo, cumplió. Fue callando bocas a lo largo de la temporada de aquellos que dicen «sabérselas todas» en las mesas de café que afirman que en el ascenso hay que meter, trabar con la cabeza y que no se puede jugar. Fue convenciendo a los impacientes hinchas y hasta a los propios jugadores que al principio eran escepticos. Es que, como Perón, Rizzi cumple.
Sí Rizzi cumple, Burzac dignifica. El enganche esta vivo en Ciudad Evita con la cinta de capitán en el brazo y la diez en la espalda, aportando la pausa, el pase claro y manejando los hilos del equipo. Heredia volvió y fue millones. Juancito, el ídolo, aquel que los dirigentes querían retirar porque «estaba gordo y lento». Pues si está gordo es un gordo bueno. Lejos de su faceta de correcaminos por la banda derecha, está en el medio, dando el primer pase siempre seguro, cortando, manejando la línea de presión. Sabe todo, tiene la cancha dibujada en la cabeza.
Di Biasi, ese «Di María» diestro que no solo gambetea sino que es goleador. Rojano, de último delantero a titular indiscutido a base de gritos de gol. Laso, ese elegante lungo de rodete que juega de marcador central pero que antes de revolear una pelota prefiere recibir un tiro. Ciavarelli, Carmén de Areco figura en su DNI como lugar de nacimiento pero con alma y técnica de lateral brasileño. Muchos nombres para resaltar en este equipo porque eso es, un equipo donde nadie jugó mal.
Italiano salio del averno de la forma más sencilla y complicada a la vez: Con la pelota al pie.