LA BAJA DE LEROY SANÉ

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«Todavía no ha aterrizado en la Selección». Con estas vagas palabras justificaba Joachim Löw la que ha sido la gran sorpresa, por inesperada, de la lista definitiva de Alemania para el Mundial de Rusia. Se refería a Leroy Sané (Essen, 1996), uno de los factores diferenciales en la brillante temporada del Manchester City que se coronó campeón de la Premier League tras dominar la competición de forma tiránica y que, sin ser imprescindible en las alineaciones de la Mannschaft, había venido contando para un Löw que no sólo le hizo debutar en 2015, sino que también le encontró un hueco en la convocatoria para la última Eurocopa.

Hace poco menos de un mes que la Asociación de Futbolistas Profesionales ingleses le premiaba como el mejor jugador joven del año en la Premier League. Con el título de liga en las vitrinas del Etihad Stadium, Sané recogía de este modo el testigo de Dele Alli y confirmaba haberse instalado en la élite del fútbol continental tras haber alcanzado una nueva dimensión de la mano de Pep Guardiola, el gran valedor de su llegada a Manchester a cambio de 46 millones de libras. Atrás quedaba su presentación en sociedad, nada menos que en el Santiago Bernabéu, en la vuelta de los octavos de final de la Champions League de 2015, cuando siendo poco menos que un adolescente cuajó una deslumbrante actuación –gol incluido– en el inesperado pero estéril triunfo del Schalke por 3-4. En cambio, el audaz mediapunta que se movía con libertad por toda la zona de tres cuartos de campo y que aquella noche batió a Iker Casillas con un disparo descomunal desde la frontal del área, poco a poco había ido mutando en una suerte de extremo que parecía adaptarse a la perfección al nuevo pentagrama que Löw quiere hacer sonar: asociación y técnica combinadas con verticalidad y desborde. Y, por supuesto, gol.

Desde que se hiciera cargo de Alemania en 2008, Joachim Löw ha mostrado su gusto por mezclar perfiles de un marcado carácter técnico (Özil, Götze) con otros que, quizá, destacan más por su fuerza y su capacidad de sacrificio en labores menos estéticas, como la presión y las ayudas. Sirva el ejemplo de Andre Schürrle, fundamental en la conquista de la Copa del Mundo de Brasil, o Lukas Podolski, uno de los grandes exponentes de la Alemania del siglo XXI. Durante los últimos dos años, Löw parecía haber redoblado esta apuesta con jugadores como Julian Draxler, seguramente el futbolista alemán que, junto a Sané, más y mejor condensa esas características de habilidad, potencia y precisión cara a puerta. Por eso ha impactado tanto que la actual campeona prescinda de un verdadero agitador como lo es el atacante del Manchester City, que esta temporada ha firmado 14 tantos y 19 asistencias de gol, unas cifras de vértigo y muy superiores a las del propio Draxler (5-10), Brandt (12-7) y, especialmente, Marco Reus (7-1), al que los problemas físicos han confinado a ser el talento perdido de esta generación.

Pero, ¿qué es lo que realmente deja de tener Alemania sin Sané? Seguramente lo más importante sea esa capacidad de generar peligro desde cualquiera de las dos bandas, especialmente la derecha, conduciendo a pierna cambiada, una posición desde la que trazar diagonales hacia el centro o atacar la espalda de los laterales rivales aprovechando la precisión para el pase de Kroos y Kimmich y los espacios que con sus desmarques crean tanto Müller como Werner. Un excelente y osado driblador que, a sus 22 años, se encontraba en un estado de forma excepcional y con una tremenda confianza después de que Guardiola haya hecho de él un pilar de su Manchester City y de haber recuperado su nivel del primer tercio de la temporada superando la lesión de tobillo que sufrió a finales de enero y que le tuvo un mes y medio de baja.

Hijo de una gimnasta rítmica que ganó la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Los Angeles y de un futbolista senegalés que llegó a Alemania cuando realizaba el servicio militar en Francia, la lógica invita a pensar que Sané –bautizado con el nombre de Leroy en honor al técnico galo Claude Le Roy– no tardará en volver a las convocatorias de la Mannschaft, tal y como confirmó Löw: «Tiene un gran talento y volverá con nosotros pronto. A partir de septiembre vamos a fortalecer nuestro trabajo con él». No obstante, como explicó Ángel Iturriaga, volar a Rusia sin Sané, uno de los mayores talentos de la nueva expresión de Alemania es como si Herberger, en 1954, hubiera viajado a Suiza sin Helmut Rahn, el hombre con el que cristalizó «El milagro de Berna».

FOTO: elcomercio.pe
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Periodista amante del fútbol vintage y devoto del único emperador romano: Totti. 'Yo creía en Dios porque pensaba que Dios era del Madrid'.

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