Marcelo "Muñeco" Gallardo

LA MANO DEL MUÑECO

Se fue de River en el banco de suplentes. La noche en la que el Muñeco Gallardo se despedía del Monumental como futbolista, Ángel Cappa decidió no ponerlo ni un minuto ante una nueva derrota de su equipo. Esta vez, categórica. Fue 5-1 para Tigre a mediados del 2010. Ahora volvió a ocupar el mismo lugar, pero de camisa y pantalón de vestir.

Con poca experiencia, pero con un pasado muy bueno como jugador de la institución, Marcelo Gallardo retornó a River atraído por la amistad con Enzo Francescoli. Llegó para reemplazar a Ramón Diaz, el entrenador que le devolvió el espíritu ganador al equipo de Núñez.

En una senda completamente distinta, Marcelo Gallardo tiene otra forma de jugar. Distinta a la de Ramón Diaz. Diferente, incluso, hasta en la forma de conducir el grupo. En la cancha, el Muñeco ya tomó decisiones. La vuelta de Leo Ponzio al equipo no sólo significa un cambio en el vestuario, sino que es una modificación en cualquier sistema de juego. Esa pieza fundamental ya transformó cualquier similitud que estos 11 podían llegar a tener con el equipo campeón.

Con la pérdida de Cristian Ledesma y con la inclusión de Ponzio, River cambia simpleza y toque de primera hacia los costados por traslado y verticalidad. Las triangulaciones con los volantes externos dejan de ser frecuentes para transformarse en una desembocadura de los pases que partan desde mitad de cancha. El “8” y el “11” dejarán de ser el eje principal del circuito de juego para convertirse en terminadores.

Manuel Lanzini tendrá que retrasarse para ser una especie de “enganche” (Pisculichi también puede jugar allí) y ser el receptor del volante central. Es decir, el encargado de alcanzarle la pelota a ese jugador será Ponzio. El problema, en este caso, radica en las características de Lanzini que no se parecen a la de un jugador preparado para poner freno y distribuir. De hecho, el máximo rendimiento en su carrera se dio cuando se transformó en un segundo punta retrasado siendo receptor de los mediocampistas externos. En criollo: Lanzini no es 10. Es un 7 que se corre al centro del campo.

Por otro lado, otros que sufren los cambios de esquemas serán los laterales. Con los jugadores por delante mucho más lanzados al ataque, será mucho más difícil ver que Vangioni y Mercado lleguen al fondo con sorpresa. ¿Por qué? Porque se genera un desequilibrio y ambos laterales quedan sin su relevo correspondiente.

De no funcionar este esquema, el Millonario tendrá la chance de modificar esta forma de jugar. Ante la partida del “Lobo”, Matías Kranevitter y Ariel Rojas se erigen como los volantes centrales que pueden generar pausa y control hacia los costados para abrir espacios. Mientras que Ponzio es un jugador mucho más vertical.

Marcelo Gallardo llegó a River para imponer su estilo. Destruyó cada una de las asociaciones que había ideado Ramón Diaz para construir otro estilo. Ahora, los jugadores deben adaptarse y construir nuevas sociedades. La paciencia ahora es verticalidad. Está en la mano del entrenador que esa verborragia ofensiva no se transforme en desorden.

Fede Lamas
@Fglamas

Compartir