DESAHOGO RIVERPLATENSE

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River tenía una cita con su pasado, presente y futuro. Era la oportunidad de un desahogo a lo grande. El rival de toda la vida, un título en juego, meses de desconcierto, flojo funcionamiento y refuerzos que no cambiaban la ecuación. Era una de las últimas fichas, una manera de hacer borrón y cuenta nueva. Y con poco, River se reveló y encontró (al menos en este partido) una dinámica positiva. Sobresaliente partido de Franco Armani, y determinante Gonzalo Martínez, quien en su vuelta, convirtió el primer gol y dio la asistencia del segundo.

Marcelo Gallardo presentó un equipo con vocación que en los papeles parecía tener ciertas pretensiones ofensivas, con dos delanteros netos como Rodrigo Mora y Lucas Pratto, mientras que los respaldaban dos volantes con criterio y buen manejo como Gonzalo Martínez e Ignacio Fernández. Pero desde el primer momento, el partido observó más del roce y la voluntad física que de las triangulaciones y las conexiones.

Boca mantuvo su esencia de recuperar en la mitad de la cancha, distraer y buscar aperturas con Cristian Pavón, que curiosamente jugó por el sector izquierdo. Así aparecieron las primeras voluntades de uno y otro. River tuvo claro que la zona de Frank Fabra era una debilidad defensiva xeneize, y colocó a Rodrigo Mora a jugar por aquel sector. Pero además del uruguayo, «Pity» Martínez y sobre todo, Nacho Fernández, aparecían por allí con el objetivo de desbordar al lateral colombiano. Por ese lugar provino el penal cometido por Edwin Cardona. El resto del primer tiempo no fue más que un termómetro para mostrar quién estaba más atento y cauteloso. River después del gol contuvo a un Boca que se empezó a nublar y no encontró alternativas en ningún jugador. Con poco, el equipo del Muñeco logró que no le generaran peligro, pero tampoco era River quién lo ocasionaba.

Ya en el segundo tiempo el equipo de Guillermo Barros Schelotto reaccionó y buscó un fútbol más horizontal, con mucho juego por los costados, pelota al piso y circulación paciente. Nández se acercó a la banda derecha y buscó complicidad con Leandro Jara para los desbordes, mientras Pablo Perez continuaba encargado de la distribución y orientación de la jugada. Varias ocasiones tuvo Boca para empatar el partido, pero chocó contra los reflejos Franco Armani. Hasta que en ese buen momento xeneize, Nacho Fernández comandó un contragolpe a toda velocidad. La gambeta del «Pity» y el oportunismo de Scocco hicieran el resto: 2-0, y partido casi sentenciado. Fue un mazazo para Boca, que no pudo recomponerse, se dejó llevar por la desesperación y dejó al desnudo sus falencias futbolísticas a pesar del gran andar en Superliga.

River y Gallardo tuvieron un gran desahogo: esquivaron varios fantasmas y se alzaron con un nuevo título yendo juntos a la par. Ahora dependerá de ellos mismos poder alterar el flojo nivel futbolístico que mostró en los últimos meses. Pero es para destacar la reacción en un momento histórico, la certeza de no haber olvidado cómo se juegan esta clase de partidos: desde lo actitudinal, nunca se bajaron bajaron los brazos y entregaron un 110%. Pero será imprescindible seguir ajustando tornillos para que el equipo camine desde lo conceptual. Para eso, ya está logrado el tan necesario desahogo, y quizás este pueda ser un buen motor para este equipo, que ya se liberó de un gran compromiso y puede reinventarse desde su jerarquía y su afán por competir hasta el final.

Por: Matías Quiaranta

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El fútbol de otra manera.

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