FUNCIONAMIENTO PARA ILUSIONARSE

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River dio comienzo a su temporada 2018/19 con una amplia victoria por 7-0 en Santa Fe sobre Central Norte de Salta, en el marco de los 32avos de final de una Copa Argentina en la que buscará coronarse como campeón por tercera ocasión consecutiva. Más allá de las evidentes limitaciones y de las ventajas otorgadas por el equipo que actualmente milita en el Torneo Federal B (y lejos de entrar en el ridículo debate sobre la supuesta “falta de códigos” de aquellos que traducen su superioridad en resultados abultados), lo cierto es que el encuentro dejó bastantes cuestiones futbolísticas para analizar.

No deja de resultar sorprendente la fluidez para jugar que el conjunto dirigido por Marcelo Gallardo mostró en su primer partido oficial del semestre. Generalmente, esta es una característica que tarda algún tiempo en llegar luego de las pretemporadas, ya que las exigencias físicas en el período de preparación suelen ser muy grandes y los futbolistas comienzan a retomar el ritmo de la competencia recién después de algunas semanas. Sin embargo, River jugó todo el partido con un nivel de intensidad muy alto y cuando éste empezó a bajar, el entrenador decidió realizar tres variantes a la vez para revitalizar a sus dirigidos.

Claro que esto no tuvo que ver sólo con correr mucho, sino más precisamente con correr bien, poniendo en práctica uno de los aspectos más distintivos de los mejores momentos del ciclo del actual entrenador: la movilidad constante de sus jugadores ofensivos. La formación del Millonario fue presentada como un 4-3-1-2, pero lo cierto es que desde el pitazo inicial esta disposición táctica adquirió una gran flexibilidad, dando una muestra de cuál será la intención de juego de cara a las tres competencias que el club tiene por delante. Lucas Pratto e Ignacio Scocco rotaron constantemente sus posiciones quitando referencias a la defensa rival, y salieron bastante seguido del área para asociarse con los mediocampistas, Gonzalo Martínez, Ignacio Fernández, Exequiel Palacios, y así liberar espacio para la llegada de éstos desde la segunda línea. Dichos movimientos fueron complementados por la tarea de los dos laterales, que con tantos jugadores por dentro fueron los encargados de darle amplitud al equipo con sus permanentes escaladas por las bandas; y de Ponzio y los dos centrales, que respaldaron a todo el equipo reduciendo espacios hacia adelante para intentar cortar de raíz cualquier posibilidad de contraataque rival. Los goles fueron cayendo casi por decantación, y la diferencia en el marcador fue el fiel reflejo de lo sucedido dentro del terreno de juego.

De más está aclarar que se trató de únicamente un partido (contra un rival muy flojo, como ya fue mencionado al comienzo), y que el buen funcionamiento exhibido servirá poco si no puede ser sostenido a lo largo del tiempo. Pero las bases de lo que Gallardo pretende de sus dirigidos ya quedaron sentadas, a la espera de la reincorporación de los mundialistas Franco Armani, Enzo Pérez y Juan Fernando Quintero que seguramente brindarán un salto de calidad aún mayor. No quedan dudas: River tiene con qué ilusionarse.

Por: Juan Manuel Pereyra
@JuancePereyra

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El fútbol de otra manera.

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