INSPIRADA NOCHE DE RIVER

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En los seis primeros encuentros oficiales que River disputó frente a Aldosivi, seis fueron también los goles que logró marcarle al Tiburón. Nunca había logrado convertir más de uno por cada encuentro. En la vuelta de la Copa Superliga, los dirigidos por Marcelo Gallardo lograron elevar su promedio de goles frente a este rival, con un contundente 6-0 que dejó ver lo mejor del funcionamiento Millonario y además, lo depositó en los cuartos de final. La gran figura de la cancha fue Nicolás De La Cruz, quien convirtió por triplicado y jugó sus mejores 90 minutos en el club.

River comenzó el partido con algunos problemas para manejar la pelota, sobre todo por la poca complementariedad de la dupla de mediocampistas centrales conformada por Leonardo Ponzio y Enzo Pérez. En muchos momentos dio la sensación de que se pisaban, jugando en paralelo y mostrándose para recibir en la mismas zonas, ya que por características ninguno de los dos siente natural el movimiento de ubicarse entre líneas para ser opción de pase. Cuando pudieron corregir este problema, dividiéndose la cancha de forma vertical y no horizontal, todo comenzó a fluir con naturalidad. Ponzio pasó más tiempo ubicado entre los centrales, encargándose de tareas defensivas relacionadas con relevos y cobertura de espacios, mientras que Pérez mostró mucha mayor soltura para convertirse en el dueño del mediocampo, con un alto grado de precisión en la distribución de la pelota. El Millonario logró irse al entretiempo con una ventaja de dos goles, el segundo de ellos de gran factura. Aldosivi tuvo una actitud valiente desde el comienzo, buscando atacar de igual a igual ante la necesidad de marcar al menos un tanto para poder clasificar, pero fue desinflándose con el correr de los minutos.

En la segunda etapa llegó lo mejor de River, que pudo lucir sus características distintivas en todo su esplendor. La asfixiante presión trás pérdida, un sello de este ciclo, fue ejecutada a la perfección para mantenerse constantemente en campo rival. Desde los delanteros hacia atrás todos se mostraron comprometidos para recuperar la posesión en muy pocos segundos, lo que además permitió que los ataques sean más directos y no requieran de demasiada elaboración. Cuando las jugadas comenzaron desde atrás el plan también fue el habitual: laterales muy altos brindando amplitud, y todos los demás a jugar por el centro. Lucas Pratto y Rafael Santos Borré fueron opción constante para el juego de espaldas y la posterior descarga para los que llegaban de frente y en velocidad, tal es el caso de las jugadas del segundo y el tercer gol con De La Cruz leyendo a la perfección el momento para picar al vacío. El poco retroceso de Matías Pisano e Iván Colman por las bandas generó que muchas veces River tenga que defender mano a mano. Esto podría verse como un desajuste, pero en realidad se trató de un riesgo que el equipo local decidió correr. La libertad de Fabrizio Angileri y Camilo Mayada fue la llave para siempre tener un pase más por fuera, y su libertad en ataque lastimó a Aldosivi bastante más de lo que la presencia del trío de atacantes del conjunto de Gustavo Álvarez perjudicó al Millonario. La frescura de Exequiel Palacios y Cristian Ferreira, que ingresaron en el complemento, terminó de darle forma a la goleada.

Si bien a lo largo del semestre River tuvo partidos en los que mostró un fútbol de alto vuelo (las victorias ante Racing y Godoy Cruz por Superliga y frente a Alianza Lima por Copa Libertadores son los mejores ejemplos), esta vez también logró un grado alto de efectividad, ítem en el que venía fallando. Y siempre teniendo en cuenta las ausencias de (entre otros) Gonzalo Martínez y Juan Fernando Quintero, sus dos jugadores más desequilibrantes en 2018. No fueron reemplazados con nombres rutilantes, sino con trabajo colectivo. Una razón más para que Marcelo Gallardo esté orgulloso de su obra.

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