HIZO TODO, PERO NO ALCANZÓ

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24 tiros (14 al arco), 75% de posesión de balón, 445 pases correctos. River ganó, gustó y goleó, pero no le bastó esa superioridad total para eliminar a Atlético Tucumán y meterse en semifinales de la Copa Superliga. El Decano, que sobre todo en la primera etapa dio la sensación de haber padecido el encuentro, hizo valer el gol como visitante y avanzó a la próxima instancia, donde enfrentará a Tigre.

Marcelo Gallardo sorprendió a Ricardo Zielinski, no tanto por los nombres del once titular -con la vuelta de Milton Casco luego de cuatro meses de inactividad- sino desde el esquema y las funciones elegidas para sus futbolistas. El Millonario dispuso un 4-3-3, con Matías Suárez y Nicolás De La Cruz como extremos para brindar amplitud, intercambiando sus posiciones, y con una alta cuota de desequilibrio. Esto permitió que los interiores, Ignacio Fernández y Exequiel Palacios, tengan mucha llegada al área para acompañar a Lucas Pratto, y que a su vez los laterales puedan centralizar sus posiciones para tener siempre un pase más por dentro y no desproteger a Enzo Pérez ante un eventual contragolpe. El Decano, por su parte, repitió la fórmula de juego directo para sus puntas, aunque esta vez no los respaldó lo suficiente con llegadas desde la segunda línea como sí lo hizo en Tucumán.

El hombre clave de River desde el punto de vista táctico fue Casco; de lo más destacado en un equipo que prácticamente no tuvo puntos bajos. El ex Newell´s fue muy inteligente para elegir qué pasillo ocupar en cada jugada, generando superioridad constante en un sector izquierdo que tanto en el partido de ida como en el de vuelta fue el mejor aprovechado por el Millonario. Ante la poca colaboración de David Barbona en el aspecto defensivo, José San Román se encontró seguido en situaciones de inferioridad numérica. Tanto Palacios como Fernández se volcaron seguido sobre esa zona para buscar asociarse.

Zielinski leyó correctamente las debilidades de su equipo, y de cara a la segunda etapa ajustó en consecuencia: cambió de banda a Barbona, corrió a Rodrigo Aliendro a la derecha y reforzó el medio con la entrada de Juan Mercier. De esta manera frenó un poco el vendaval de River, que había generado situaciones de gol de manera constante en el primer tiempo. Luego, Atlético Tucumán logró llegar al descuento a través de una pelota parada, quizás el aspecto más flojo de los de Gallardo. A partir de allí el Millonario continuó con su dominio territorial pero con un punto menos de claridad, y empezaron a sucederse los cambios, de un lado para ir a buscar y del otro para intentar aguantar. El local terminó jugando con un 4-2-4 con el ingreso de Rafael Borré en lugar de Fernández, mientras que el visitante mutó a un 5-4-1 con Leandro Díaz como única referencia de ataque. En el balance de la serie quedó la sensación de que River fue superior desde lo futbolístico, pero también es justo remarcar que Atlético fue más certero a la hora de aprovechar sus buenos momentos y traducirlos en el marcador. Se pudo observar un choque de estilos bastante claro, que seguramente dejará conclusiones positivas de ambos lados.

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