RIVER SUPERÓ A INDEPENDIENTE EN UNA SERIE ESPECTACULAR

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Desde el comienzo Marcelo Gallardo volvió a sorprender juntando en la delantera a Ignacio Scocco, Lucas Pratto y Rafael Santos Borré -tres futbolistas que nunca habían compartido titularidad- para recibir a Independiente en el Monumental tras el 0-0 del partido de ida. La apuesta era clara: juego directo para los de arriba y explotar al máximo la segunda jugada. En ese contexto, fue Scocco el que se tiró unos metros atrás para no dar referencia a los marcadores, y Pratto y Borré se alternaron como objetivo de los pelotazos largos. Todo esto fue respaldado por una espectacular presión alta para que el rival no pudiera aprovechar los espacios que lógicamente aparecerían por tener sólo tres hombres en la mitad de la cancha. Y cuando el Rojo superaba esa primera línea de pressing e intentaba armar algún contragolpe, River recurría rápidamente a un foul táctico para cortarlo de raíz. De esta manera se desarrollaron los primeros 20 minutos, con el Millonario siendo levemente superior y generando las chances más claras.

Cuando la intensidad de River bajó, Independiente pudo comenzar a hacer pie y dar batalla a los avances del local desde el inicio. Esto fue posible por las marcas individuales que ideó Ariel Holan: Bustos y Meza sujetaban a ambos laterales, mientras que Nicolás Domingo y Pablo Hernández perseguían a Ignacio Fernández y Exequiel Palacios. River se vio obligado a abusar del juego directo, donde había superioridad numérica de Independiente: cuatro defensores contra tres delanteros. Fue el tramo más parejo del encuentro, y también el menos vistoso. Los dos equipos se neutralizaban mutuamente y esto beneficiaba al Rojo, al que le convenía un partido “largo”. El Millonario parecía jugar con la impotencia de saber que su mejor momento había pasado, y que no le había alcanzado para ponerse en ventaja.

Para segunda etapa, Holan hizo un ajuste lógico. Sacó de la cancha a Pablo Hernández, de flojo rendimiento, haciendo lugar a Emanuel Gigliotti para acompañar a Silvio Romero en ofensiva. La consecuencia inmediata de esta modificación fue que Independiente tuviera mayor vocación ofensiva; y en el arranque del complemento el mediocampo se partió: en el primer golpe por golpe, River se vio favorecido tras una buena combinación a puro toque de primera, culminada por Scocco. Pese a esto Independiente no perdió la tranquilidad, se apegó a su plan y llegó rápidamente al empate en una jugada que tuvo al recién ingresado Gigliotti como protagonista principal. Obligado a convertir un gol, Gallardo reaccionó con el ingreso de Juan Fernando Quintero en lugar de Pratto, buscando un poco más de inteligencia y movilidad para la búsqueda de los espacios ante el inminente repliegue defensivo de Independiente. Y una vez más el Muñeco dio en la tecla, ya que fue justamente el volante colombiano quien volvió a poner en ventaja a su equipo con un preciso zurdazo que entró pegado al palo y dejó sin reacción al arquero Martín Campaña.

Luego de ese gol el Rojo sí sintió el golpe, saliendo a buscar el partido nuevamente pero de forma más desesperada. Y con más terreno por delante llegaría el momento de mayor lucimiento personal de Borré, la gran figura del encuentro, que tras haber corrido a sus rivales de forma incansable a lo largo de todo el encuentro también se dio el gusto de marcar el tercer gol con una rosca preciosa que se clavó en el ángulo y terminó de liquidar a los de Holan. Polémicas al margen, las sensaciones que deja la serie son sumamente positivas. El espectáculo brindado por ambos equipos a lo largo de los 180 minutos fue realmente admirable, incluso atípico para una Copa Libertadores en la que suelen primar los planteos temerosos y la vehemencia. El 3-1 final clasificó a semifinales a River que terminó siendo el mejor de los dos, pero de todas formas Independiente no debería tener demasiado para reprocharse. Los grandes ganadores, en definitiva, fueron los espectadores.

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