LOS PROBLEMAS DE SIEMPRE Y UNA NUEVA REACCIÓN

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River Plate igualó 2-2 ante Godoy Cruz luego de encontrarse dos goles por debajo en el marcador. Marcelo Gallardo mantuvo el esquema y modificó los intérpretes, pero la mayoría de los problemas se repitieron. La novedad fue una rebeldía que no había aparecido en encuentros anteriores.

LAS VARIANTES DE GALLARDO

El conjunto de Nuñez salió al Monumental con el mismo esquema de las últimas semanas: cuatro defensores, dos volantes de contención, dos creativos que partían desde las bandas y dos delanteros. Lo que modificó fue los intérpretes: Jonathan Maidana reemplazó a Javier Pinola, Bruno Zuculini por el suspendido Enzo Pérez, Juan Fernando Quintero y Nicolás De La Cruz en los puestos de Gonzalo Martínez e Ignacio Fernández, y Rodrigo Mora en lugar de Ignacio Scocco.

Algunas variantes aportaron leves mejoras, y otras no. Por ejemplo, ante la salida de Pinola, fue Lucas Martínez Quarta quien debió asumir más compromisos en la salida del balón, pero quedó expuesto con una grave pérdida en el segundo gol de Godoy Cruz. Por su parte, Maidana sufrió en la marca ante un lúcido y físico Santiago García. Por delante, Zuculini se sintió igual de limitado que Enzo Pérez; casi siempre superpuesto con Ponzio, sin capacidad para romper líneas y desprenderse para llegar al área. De La Cruz alternó buenas y malas: no le esquivó nunca a la responsabilidad de ser uno de los conductores, pero estuvo algo errático en los pases. Por su parte, Juan Fernando Quintero dejó importantes cuotas de su talento y junto a los dos delanteros fue el principal abanderado en la remontada. La jerarquía y el empuje de Lucas Pratto y el ímpetu de Rodrigo Mora le permitieron a River alcanzar el empate. Una mínima diferencia entre las características de Scocco o Santos Borré, y el uruguayo, es que este último acostumbra a realizar más apoyos laterales, algo que el equipo necesitaba para que en las proyecciones de Gonzalo Montiel y Marcelo Saracchi se encuentre otra referencia en banda que permita dar profundidad por afuera en lugar de terminar la jugada en un centro al área sin desborde.

DESCONCIERTOS REPETIDOS

River volvió a plantar su línea defensiva lejos de su arco, pero la decisión pierde sentido ya que el equipo tiene problemas en la posesión de la pelota. Errores inesperados y en zonas no recomendables propiciaron que el equipo se encuentre desordenado y no pudiera jamás efectuar una presión tras pérdida. La receta de Godoy Cruz fue sencilla: recuperar y enviar la pelota a espaldas de la última línea. Así llegaron ambos goles, y a pesar del empate, los problemas se repitieron. La atención de Franco Armani y algunos offsides al límite evitaron más goles mediante la misma fórmula.

Con pelota, el escenario se repitió. La última línea se repitió en envíos directos hacia los dos delanteros, que a veces podían ingeniárselas para llevar peligro pero en la mayoría de los casos eran víctimas del desgaste que conlleva ir en busca de la pelota, luchar cuerpo a cuerpo ante los defensores y encontrarse sin socios cercanos. Tanto Quintero como De La Cruz cerraban su posición y bajaban a recibir, pero veían pasar la pelota por arriba o en su defecto, cuando recibían, estaban obligados a pases sencillos horizontales que no permitían adelantarse al equipo, o bien buscar en vertical a dos delanteros alejados entre varias piernas visitantes. Esto ayudó a que la posesión sea compartida, ya que la pelota le volvía rápido a River, que con el marcador en desventaja y ante los errores arbitrales, aumentó su nerviosismo y se repitió en pases siempre erráticos o forzados que volvían difícil el control y el posterior toque.

REBELDÍA Y ESPECULACIÓN

Quintero, Mora y Pratto encabezaron la remontada. El descuento sobre el final del primer tiempo ayudó a maquillar aquel nerviosismo que se trasladaba en errores no forzados, y el rápido empate en el inicio del complemento le dio al equipo más confianza. Tal es así que en el segundo tiempo, la pelota sí se mantuvo más en campo tombino. Los defensores y Ponzio fueron quienes más pases dieron en la primera mitad, mientras que en el segundo tiempo Quintero tomó la posta hasta convertirse en el jugador riverplatense con más pases en el partido (63) y más regates intentados (8). No obstante, los problemas defensivos y la falta de fluidez no se solucionaron. River no se decidió al aprovechar el envión anímico porque también sintió el riesgo demasiado latente. Haber remontado en vano hubiese sido otro golpe demasiado duro para un equipo que de momento continúa sin fútbol y con la confianza endeble para dar pasos firmes hacia una mejor versión.

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1994. Si no rueda una pelota me siento incompleto. Cuando sea grande diré que vi jugar a Messi. Disfruto de leer y escribir.

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