EL BARCO SIGUE SIN RUMBO

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En otra flojísima actuación, River igualó 1-1 frente a Chacarita en el Monumental siendo superior por voluntad pero con poca imaginación. Aún con dos cambios sorpresivos que fueron la salida de Scocco y Pratto, el equipo no encontró el rumbo y le entregó en bandeja un punto a Chacarita.

Los partidos del Millonario son una crónica de un funcionamiento predecible, anunciado, donde la sorpresa no aparece, donde las alternativas ofensivas no tienen nombre y para colmo, cuando logra generar flaquea defensivamente. Los de Marcelo Gallardo tuvieron un rol protagónico por la postura del rival, que desde el comienzo defendió a rajatabla.

Los hilos del partido transcurrieron desde los pies de Ignacio Fernandez como originador de cada jugada. Retrocedía, se acercaba con Pinola, el mismo descargaba y así empezaban las alternativas. Partido tras partido, las ideas para encontrar el funcionamiento son iguales, pero con diferentes intérpretes. En este caso, Camilo Mayada y Nicolás De La Cruz abiertos, Bruno Zuculini sobre el eje central y la dupla de ataque sobre los centrales. Chacarita desde un primer momento se sostuvo con tres volantes centrales, encabezados por Mellado (el más posicional) y Federico Vismara con Daniel Ibáñez que casi por turnos se desprendían para presionar alto.

Todo el primer tiempo tuvo esas secuencias; River empecinado con ser muy posicional aunque el partido pidiera libertad de movimientos. Pocos con capacidad de juntarse, de distraer, de atraer marcas y de innovar. Cerca de los 20 minutos hubo un movimiento interesante de Scocco donde atrajo a Federico Rosso, generó un espacio y Nacho pudo atacar el espacio para entrar al área, aunque la jugada no haya prosperado. Pero ahí se notó un movimiento inteligente, dado que los centrales de Chacarita, en los últimos 25 metro finales marcaban pegados a Pratto y Scocco.

Sin hacer grandes cosas, River se puso en ventaja desde los doce pasos, pero la tranquilidad duró poco, ya que la visita llegó al empate ante un débil accionar de la defensa. El empate le sirvió a la visita para volver a su plan inicial. Durante el segundo tiempo casi no atacó, aunque tuvo una ocasión inmejorable casi en la línea del arco. Ante la poca rebeldía de River y la falta de criterio, entró el colombiano Juan Fernando Quintero para darle más volumen de juego al local. Y así fue, el cafetero que pide titularidad, hizo lo que ningún jugador ni siquiera intentó. Evitó chocar, invitó a los jugadores a asociarse, se animó a gambetear y a encontrar los espacios. Luego vino un cambio polémico, pero a la vez entendible; salió la dupla de ataque para dar lugar a Rafael Santos Borré y Carlos Auzqui, apostando por la movilidad; Gallardo vio que el partido no estaba entrando, sino saliendo del área para liberar espacios. De hecho, una acción tuvo que ver con eso: Borré salió por un momento, hizo la diagonal y Quintero, entre ocho piernas dio una asistencia magnífica que no fue gol por la tapada del arquero Pedro Fernández.

Toda la generación pasaba por Quintero, un tanto limitado contra la banda derecha. Pero cuando recibía, rápidamente interiorizaba y buscaba jugar por adentro ante un Chaca decidido a defender lo que quedaba del partido. Y tuvo un poco más River, con un tiro de Nacho al palo derecho del arquero que pasó muy cerca. Más allá de que River mereció, insistió, tuvo y fue más, no se justifica la carencia táctica y conceptual del equipo de Gallardo. Previsibilidad, carencia de asociaciones y pocas voluntades para generar. Encontró en los segundos tiempos mayor vuelo y coherencia futbolística por las buenas actuaciones de Quintero, que ya pide titularidad para enderezar una nave con un rumbo incierto.

Por: Matías Quaranta

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El fútbol de otra manera.

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