EL CAMALEÓNICO REAL MADRID DE ZIDANE

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Zinedine Zidane confirmó su alejamiento del Real Madrid y los análisis no tardaron en llegar. El entrenador francés se fue sin explicar la fórmula que lo llevó a conquistar tres Champions League consecutivas. Aunque una posible explicación es que en todo este tiempo, no hubo un plan concreto para competir. ¿Cómo definir al Real Madrid de Zizou? ¿A qué jugó? ¿Cómo lo logró?

Así como el camaleón cambia de color, Real Madrid modificó su estilo una y otra vez. Zidane aprovechó la gran capacidad de su plantel para permitirse ser varios equipos sin ser ninguno en especial. El 4-3-3 de la BBC intimidaba a los espacios, el 4-3-1-2 dio entrada a Isco Alarcón y se caracterizó por un gran juego de posesión que llegó a aplastar al Barcelona, dominante en la última década a partir de aquella estrategia. Pero de un tiempo a esta parte, Zidane miró al banco y activó aún más piezas: Lucas Vázquez y Marco Asensio han sabido revitalizar las bandas, brindarle al equipo una mejor manera de ocupar los espacios sin pelota, y desatascar partidos importantes tanto en Liga como en Champions League.

Han mutado los nombres, la táctica, la estrategia, pero hay algo que siempre permaneció fijo. El camaleón sigue siendo camaleón, y el Real Madrid sigue siendo el equipo más ganador de la historia. Con eso siempre presente, Zidane hizo de su equipo una roca desde lo mental: más de una vez pareció divagar en la temporada, pero cuando llegaron las noches entre semana y sonó el himno de la Champions League, los blancos siempre alzaron la frente y miraron fijo al rival hasta hacerlo pestañear, dudar, sentirse inseguro de ser capaz.

Claro que dentro de las adaptaciones constantes a viejos nuevos planteamientos, hubo nombres de puntualidad irreprochable que le permitieron al Real Madrid vencer una y otra vez. Zidane siempre fue consciente de la calidad con la que contaba, y se preocupó por mantener activos a los distintos perfiles, porque en cualquier momento las circunstancias podían exigir un nuevo cambio. Que Gareth Bale haya sido la carta ganadora en Kiev es un reflejo de aquello: el atacante jugó quizás la temporada más irregular desde que se vistió de blanco, pero nadie puede dudar de su calidad. Aún así, el galés no fue una de las fijas en el proceso de imbatibilidad europea. Sí lo fueron, incluso con falencias reconocibles, Sergio Ramos y Marcelo, quienes han dado la cara en momentos calientes. Ambos son capaces de sostener o rescatar a su equipo en momentos de adversidad; también en ese sector izquierdo del campo se ubica el guante de Toni Kroos: el alemán pasará a la historia como un centrocampista que nunca perdió la calma y volvió inútiles mil intentos de presión rival; por su parte, Luka Modric parece cada día capaz de realizar más cosas: técnica y seguridad para ser salida, conducciones para romper líneas, y sacrificio para ser siempre parte del bloque defensivo; Casemiro pasó de estorbar en la posesión a ser imprescindible en grandes noches; Cristiano Ronaldo garantizó goles sin importar equipo, estadio, defensa o arquero; Karim Benzema aguantó críticas con la certeza de conocer qué necesitaban sus compañeros dentro del campo de juego, sobre todo, el crack portugués. Por eso, eliminatoria tras eliminatoria estos distintos argumentos han alternado estados de forma, pero ha aparecido al menos uno para recordar a propios y extraños que Real Madrid es amo y señor de Europa; al menos hasta que alguien se anime a sostenerle la mirada un largo rato.

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1994. Si no rueda una pelota me siento incompleto. Cuando sea grande diré que vi jugar a Messi. Disfruto de leer y escribir.

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