UN CÚMULO DE ERRORES PROVOCÓ EL PAPELÓN MÁS DOLOROSO DEL AÑO

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Racing cayó contra el muleto de Independiente en el Cilindro mostrando la peor cara posible. A pesar de merecer, como mínimo el empate, fue impotente para sacudir el arco de Rehak y Albil. Con rendimientos subterráneos y una disputa interna que se comió las esperanzas del hincha, se materializó el papelón que nadie quería imaginar.

El triunfo ante Boca no le alcanzó al microclima de Racing para prepararse con calma para el Clásico frente a Independiente. Las diferencias de Diego Cocca con Lisandro López conllevaron a una pelea inútil en la que sólo perdió Racing. En cancha, superó a Independiente por inercia y por la lógica distancia de jerarquía entre uno y otro, pero no supo inclinar el partido para hacer pesar esa diferencia de valores.

No hay lugar a quejas: el Rojo hizo su negocio y la Academia nunca entendió cómo evitarlo. Los dirigidos por Ariel Holan patearon dos veces al arco y después se desgastaron para que Racing no igualara el marcador, pero a Racing no se le cayó una idea para desajustar a una formación rival que terminó atada con alambre, con un tercer arquero y media defensa improvisada.

Más allá de los arranques de Lautaro Martínez y Andrés Ibarguen, más la presencia de Diego «Pulpo» González, no hubo un plan o una idea colectiva para generar peligro. La Academia se repitió mucho en centros imprecisos y no estuvo fino para rematar las claras que tuvo. Quedaron desnudas las limitaciones de un conjunto de voluntades, la mayoría sin dar la talla.

La historia tiene un final incierto al igual que el rumbo futbolístico. Tras este papelón, los cuestionamientos llueven y caen sobre la mayoría de los jugadores, pero la cabeza que puede rodar es la del entrenador, tan capaz como obnubilado en un enfrentamiento sin sentido que desgasta un ciclo enrarecido.

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