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SIN JUEGO NI IDEAS, EL FINAL FUE IRREMEDIABLE

Racing quedó eliminado de la Copa Sudamericana producto de un equipo que no sostiene una identidad, un rumbo, ni posee las herramientas necesarias para marcar superioridad. La vuelta ante Libertad no fue distinto a los demás partidos y finiquitó las ilusiones. 

El camino fue pedregoso desde un principio y el punto límite, decepcionante. Desde la renovación casi integral del plantel, Diego Cocca no le encuentra la vuelta al funcionamiento ni a los nombres propios. Con las mismas limitaciones que mostraba en el juego, Racing quedó eliminado contra Libertad apenas en Cuartos de Final de la Copa Sudamericana.

Que Racing no liga, es verdad; que le podrían haber cobrado un penal a favor promediando el complemento, también es cierto. Pero estos dos ítems son apenas detalles dentro de un análisis más profundo que demarca gravedad alarmante en el juego y deja vislumbrar un futuro incierto: la Academia juega mal. Sin movimientos aceitados, con bajos niveles individuales y colectivos, sin presión, sin poder recuperar la pelota en un lugar útil, sin muestras de trabajo de un cuerpo técnico que parece aturdido.

Ni siquiera la vuelta de Lautaro Martínez pudo lavarle la cara a un clan carente de identidad (no personalidad), que no sabe qué hacer ni cómo ni cuándo, tampoco por dónde. Racing está futbolísticamente a la deriva, sin señales de vida, alejado de la Superliga y excluido de las copas. Solo se destaca el temple y la categoría de Egidio Arévalo Ríos, la gambeta de Andrés Ibargüen, la voluntad de Matías Zaracho, la frescura de Lautaro y el liderazgo de Lisandro López. Muy poco para un plantel caro y que, pese a sus limitaciones, no es malo ni inferior a la mayoría de los rivales en el torneo doméstico.

La solución no parece sencilla. Las dudas acaparan la jerarquía de la plantilla, al entrenador y a los casos puntuales. Racing está inmerso en su propio laberinto. La posibilidad de escapar se dilata mientras los objetivos grandes de esfuman o alejan.