Racing Campeón 2014

RACING CAMPEÓN: CAMBIÓ A TIEMPO

Primera imagen: Milito levanta el trofeo junto a Úbeda y el Chanchi Estevez. Segunda imagen: un presentador grita su nombre y Milito entra a la cancha junto con su familia. Toda la hinchada lo ovaciona, al igual que sus compañeros. Racing, campeón. ¿Qué relación tienen esas dos imágenes? Entre una y otra pasaron 13 años de vacas flacas, en los que el equipo de Avellaneda peleó muy pocos torneos, e inclusive, estuvo al borde de perder la categoría.

Racing no iba para atrás ni para adelante. Una renovación era necesaria, y empezó por el técnico. Llegó Diego Cocca, que venía de ascender con Defensa y Justicia jugando un fútbol muy vistoso y ofensivo. Desde un primer momento, la intención del surgido en las inferiores de River fue desarrollar un juego similar. Para eso, incorporó a muchos jugadores. Los 13 refuerzos fueron: Ricardo Centurión, Diego Milito, Facundo Castillón, Ezequiel Videla, Marcos Acuña, Gastón Díaz, Nélson Acevedo, Gustavo Bou, Luciano Lollo, Nicolás Sánchez, Leandro Grimi, Iván Pillud y Germán Voboril.

Si bien durante el transcurso del torneo hubo un cambio muy importante en cuanto a la forma de jugar del equipo, los nombres fueron casi siempre los mismos, alrededor de una columna vertebral que se llevó todos los aplausos en la premiación. Sebastián Saja tuvo su mejor torneo desde que llegó a Avellaneda, y a pesar de que en algún momento fue criticado, terminó siendo de los más determinantes. Luciano Lollo, uno de los recién llegados, se ganó el cariño de la gente y formó una defensa muy segura. Ezequiel Videla fue un pulpo en la mitad de cancha y dejó la vida en todas y cada una de las pelotas. Arriba, Diego Milito fue clave siendo quien el que manejó tiempos del equipo. Pero falta uno, el que nadie esperaba, el que vino de atrás y terminó siendo la figura: Gustavo Bou.

MILITO: EL SÍMBOLO: Volvió mejor de lo que se fue. Marcó en el clásico, pero salió
por lesión y Racing lo perdió. En su regreso, el equipo levantó y nunca más se cayó.

Las primeras fechas fueron muy irregulares. Se notaba una intención del técnico en que el equipo toque mucho la pelota e intente salir jugando desde abajo, tomándose el tiempo que fuera necesario para llegar al área rival. Los resultados también fueron muy irregulares. Hubo victorias muy buenas y 2 golpes duros. El primero fue la goleada 0-4 sufrida en Tigre, donde el resultado pudo haber sido más abultado. El segundo cachetazo fue el clásico perdido con Independiente. Esa historia ya había empezado torcida cuando Cocca declaró: «prefiero perder el clásico y pelear el campeonato», generando malestar entre muchos hinchas. Sin embargo, el tiempo le dio la razón. Aquella tarde, su equipo jugó muy mal, tocando mucho la pelota de manera intrascendente en mitad de cancha, con poca profundidad y una evidente falta de carácter para mantener el resultado ante el máximo rival de toda la historia, que lo ganó con muy poco.

En una semana, la Academia estaba perdiendo con Boca (se suspendió en el segundo tiempo) y quedó afuera de la Copa Argentina. Dicen que los grandes equipos se ven en los malos momentos. Y este equipo supo reaccionar. Supo cambiar a tiempo para torcer una historia que parecía escrita, y era la de otro fracaso más. Cocca entendió que el estilo que pregonaba no estaba resultando en este equipo y que era necesario cambiar. Los nombres casi no se modificaron, pero sí lo hizo el estilo y la zona fuerte del equipo. Mientras que en las primeras fechas, el juego se basaba en la participación colectiva y la tenencia del balón en mitad de cancha, luego pasó a depender de una defensa muy férrea y rápidas transiciones entre la defensa y el ataque. En ese rearmado, Luciano Aued se ganó un lugar en la mitad del campo, al lado de Videla. Y además, tras el regreso de Milito por lesión, Cocca tuvo que sentar en el banco de suplentes a Gabriel Hauche. El ex Inter era fundamental en este equipo, y Bou comenzaba a pagar con goles. «El demonio», pese a sus buenos rendimientos, debería esperar en el banco. Todo sea por el bien del equipo.

A partir de ahí, Saja se ganó las disculpas de todo aquel que lo había insultado. Por la derecha, se instaló el tandem Pillud-Díaz, con mucha firmeza en la defensa pero también mucha proyección a la hora de atacar. Lollo se afianzó como primer central, acompañado por la gran aparición de Yonathan Cabral y por Grimi en el sector izquierdo. Con 16 goles en contra, Racing fue el tercer equipo que menos tantos recibió, sólo detrás de River y Gimnasia (13 y 15).

DE PELÍCULA: El hombre que estuvo a punto de dejar el fútbol, recaló
en Racing y lidió contra las especulaciones de la gente. Pero los enamoró a todos, a fuerza de goles.

En el mediocampo, Videla fue la figura excluyente. En cada partido parecía que había 3 o 4 jugadores idénticos y con el mismo nombre, pero era siempre él. Con su dinámica y potencia ayudó a la defensa cortando muchos avances rivales, supo presionar muchas en campo contrario, y además de recuperar muchas pelotas, posee un primer pase excepcional. Su ladero, en silencio pero con presencia perfecta, fue Aued. El ex Gimnasia tuvo partidos buenos y malos, pero siempre entregó todo y le aportó el toque de pausa y tenencia a un equipo muy vertiginoso. Por izquierda, un viejo conocido: Ricardo Centurión. El juvenil volvió de Italia, donde jugó poco y nada, y si bien no fue tan explosivo como en su anterior paso, aportó desequilibrio, velocidad, y como si fuera poco: el gol del título.

Arriba, el Príncipe se convirtió en Rey. Milito dio cátedra de fútbol. Volvió todavía vigente del Inter -donde era ídolo- para llevar al club de sus amores a la gloria nuevamente. Si bien es centrodelantero y siempre se caracterizó por su potencia goleadora, durante este torneo jugó más para el equipo que para él. Aguantó la pelota de espaldas para tocar a los costados cuando pasaban los laterales. Dio asistencias. Tuvo la pelota en los minutos finales cuando parecía que quemaba. A lo largo del certamen, fue acompañado por muchos delanteros. En las primeras fechas alternaron Hauche, Castillón y hasta Rentería. Pero un día apareció la figura sorpresiva: Bou. El atacante formado en River había sido criticado hasta el hartazgo por propios y extraños, basándose en que tiene el mismo representante que Cocca, Christian Bragarnik. Sin embargo, en silencio, la Pantera calló a todos con sus goles y terminó siendo el máximo anotador del certamen, con 10 tantos.

Siempre se destaca al hincha de Racing por estar firme junto a su equipo a pesar de las penurias. Hace 13 años que su gente no tenía una alegría, y la merecía. Lección también para el hincha en general: dejar trabajar y ver a los jugadores en acción antes de criticarlos despectivamente. La Academia volvió a gritar campeón después de 13 años, y se ilusiona con que este sea solo el comienzo.