NUNCA ES SUFICIENTE

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España jugó un gran partido: mostró su juego asociado, supo tener profundidad y reaccionar ante momentos adversos en el marcador. Sin embargo, cuando Cristiano Ronaldo juega al máximo de su nivel, nunca es suficiente para derrotarlo. El portugués salió enchufado desde el principio: generó un penal y lo convirtió. Ese lapso posterior a la apertura del marcador fue el momento más difícil para el conjunto español. Recibir un gol tan rápido, y con todo lo sucedido en los últimos días, hacía transmitir la sensación de jaque constante. Pero aparecieron Andrés Iniesta e Isco Alarcón para pedir la pelota y serenar a sus compañeros mediante pases cortos. Luego se sumaron Jordi Alba y Diego Costa, quien demostró su autosuficiencia al perseguir un envío largo y transformarlo en el 1-1.

Portugal saltó a la cancha con un once preparado para cuidar la pelota lo máximo posible, pero tras ponerse tan rápido en ventaja contó con metros para correr hacia el arco de David de Gea. Apenas algunos toques y anticipos a Sergio Busquets o Gerard Piqué bastaban para que los lusos vayan en igualdad o superioridad numérica. Cristiano eligió la banda izquierda para liderar los ataques, y allí cerca asistían tanto el lateral Raphael Guerreiro como Bruno Fernandes y Joao Moutinho. Por su parte, Goncalo Guedes acabó siendo titular y lo hizo incluso por delante de Cristiano, con el fin de estirar lo máximo posible el ataque. Pero cuando Iniesta e Isco se hicieron dueños del partido, las transiciones perdieron frecuencia. España igualó el marcador y se hizo con el protagonismo. Un error de David de Gea confirmó que el fútbol es dinámica de lo impensado: los de Fernando Hierro debían volver a correr en desventaja.

Como muestra de talento y carácter, España salió al complemento con la misma frescura en su juego. Y llegó al empate mediante pelota parada, en otra confirmación de la cantidad de recursos disponibles. Portugal  no realizó ajustes en pos de frenar la avanzada por izquierda, y desde ese carril se generó el tercer gol rojo: David Silva -casi por única vez- se acercó a la banda contraria y formó parte de una jugada culminada con maestría por el menos pensado: Nacho. El defensor del Real Madrid no había tenido casi participación en el armado del equipo (tampoco Koke y el propio Silva, los otros en banda derecha), además de sufrir en defensa ante Cristiano y compañía. No obstante, tras el gol ganó en confianza, al igual que todo el equipo. España había tenido el control un largo rato, pero a partir de ese momento también dominaba el marcador.

Con el 3-2 se vio lo mejor de los dirigidos por Fernando Hierro. Iniesta, de labor cumplida, dejó su lugar a Thiago Alcántara, que ingresó a tocar y mover la pelota hacia todos lados. Portugal estaba en medio de un enorme rondo al que nunca llegaba a tiempo para recuperar. Isco continuó, como a lo largo de todo el partido, siendo quien marcaba el tempo y decidía dónde y cómo combinar los pases. Lo único que puede recriminarse España de ese momento es haber perdido de vista el arco rival. Y eso, ante Cristiano Ronaldo, fue demasiado castigo. Porque el portugués estaba encendido: jugó un gran partido afuera del área en muestra de su magnífica lectura del juego. Y cuando sus compañeros ya no sabían cómo, apareció para terminar siendo el personaje principal de un gran film.

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1994. Si no rueda una pelota me siento incompleto. Cuando sea grande diré que vi jugar a Messi. Disfruto de leer y escribir.

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