EL PLAN BIEN CLARO

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Lleno de dudas y por qué no, de miedo por no estar a la altura en su propio certamen, Rusia decidió cambiar de esquema en los últimos amistosos antes del rodaje oficial. Con dos líneas de cuatro bien marcadas, el funcionamiento ganó simpleza y ocupación de espacios sin pelota. Por ende, la Selección anfitriona estaría más preparada para ceder la iniciativa que para asumirla. Y aunque suene raro por tratarse del conjunto local y de un rival sin jerarquía, Rusia repartió más de lo pensado el protagonismo con Arabia Saudita. El plan siempre estuvo bien claro.

También vale destacar que los dirigidos por Stanislav Cherchésov lograron tocar teclas muy específicas y necesarias. El gol tempranero, servido por su jugador más técnico en el once inicial -Aleksandr Golovin- lo liberó de la presión que podía implicar el paso de los minutos sin abrir el marcador. Pero sobre todas las cosas, le dio aún más sentido a su plan de dividir la iniciativa. Sin una presión alta, Rusia juntó sus dos líneas de cuatro en campo propio, y una vez el conjunto árabe cruzaba la mitad de cancha, se activaba una presión que, aún siendo mínima, bastó para dejar en evidencia el limitado nivel técnico del rival.

Arabia Saudita intentó desde el inicio amigarse con la pelota, ser paciente, moverlo de un lado a otro, volver hacia atrás cuando hiciera falta. En ese rol, fue importante lo del volante central Abdullah Otayf, quien se movió para siempre ser opción y distribuyó con criterio y ritmo en vertical y horizontal. Pero por delante suyo, los de Juan Antonio Pizzi fueron la nada. Controles limitados, conducciones donde no se debía, y por ende, pérdidas muy riesgosas, con el equipo desorganizado, lejos entre sí. El caos fue ante todo, defensivo. Desde la mala ubicación y concentración de su rival, Rusia ejecutó su plan casi sin tener que hace nada más que detectar el momento. La anfitriona no fue una máquina para ojos del espectador, pero sí inteligente y eficaz para parecerlo ante Arabia Saudita.

Arriba,  Fedor Smolov no estuvo fino con sus apoyos, pero estos sí que fueron demasiado frecuentes como para provocar fallos en la defensa. Quien sí estuvo fino fue Golovin, mediapunta tras la lesión de Alan Dzagoev, y con suficiente espacios para dañar en transición. El joven de 22 años, pretendido por grandes clubes europeos, dejó participación en cuatro de los cinco goles, incluidas dos asistencias y un gran gol de tiro libre. Pero además, Cherchesov puedo sacar buenas conclusiones de sus relevos: Denis Cheryshev saltó al campo con el partido 1-0, y marcó dos tantos de gran calibre técnico, mientras que el centrodelantero Artem Dzyuba demostró que puede ser una carta importante en el juego directo: en las alturas, dejó gol y asistencia. Pero esos fueron sólo complementos a un plan claro y eficaz para que Rusia pise, ya con autoridad y sin miedos, en su propio Mundial.

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1994. Si no rueda una pelota me siento incompleto. Cuando sea grande diré que vi jugar a Messi. Disfruto de leer y escribir.

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