LE GANÓ A LOS CONTRATIEMPOS

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Tras la eliminación de la Copa Libertadores a manos de River, Ariel Holan intentó retomar la línea de juego que buscó a principio de semestre y matizó ante la necesidad de resultados. El esquema que utilizó Independiente en su visita a Patronato fue 4-3-3, con Fernando Gaibor y Pablo Hernández a los costados del pivote, Francisco Silva. Arriba, Maximiliano Meza partió a perfil cambiado desde el carril izquierdo, y Silvio Romero, clave por su cuota goleadora, se ganó un lugar a la derecha; ambos por detrás del goleador de la Superliga, Emmanuel Gigliotti.

No obstante, el primer tiempo del equipo fue muy bajo. Una circulación lenta y previsible, falta de acierto en algunos toques, de movilidad para ser opción de pase y de intensidad para recuperar la pelota. Los estados de ánimo influyen y es probable que Independiente tarde en asimilar el golpe que signficó la eliminación copera, pero no se encuentra en una situación privilegiada en el ámbito local. Todo lo contrario: debe sumar y mucho para achicar la ventaja con los de arriba y llegar bien posicionado a la recta final. Pero en Paraná, no hubo ritmo, ni claridad ni ocasiones de gol.

Aún así, el partido comenzó a desvirtuarse desde temprano. La lesión de Alan Franco pareció adormecer al equipo desde lo actitudinal, además de, por supuesto, tener sus consecuencias futbolísticas. Emanuel Brítez, su reemplazo, está lejos de aportar un primer pase tenso y raso en vertical u horizontal (a pesar de que el propio Franco aún tiene aspectos por corregir en las entregas) y se ha mostrado irregular en el plano defensivo. Pero por delante de la última línea, el equipo también careció de ritmo. Apenas algunas intervenciones de Pablo Hernández permitieron que el equipo ganara profundidad en banda derecha con Fabricio Bustos, que veía espacio delante suyo gracias al movimiento hacia dentro de Romero.

En esa primera parte incluso, Francisco Silva también debió ser reemplazado, y en el entretiempo llegó el turno de Romero. Independiente se quedó sin cambios antes de comenzada la segunda mitad, y apenas esta dio inicio perdió también a Nicolás Figal, uno de los pocos que se mostraba en buen nivel. Si en un principio la visita a Paraná tenía como objetivo enderezar el rumbo, hallar sociedades y una dinámica de juego positiva, el insolito curso del encuentro dejaba todo aquello en segundo plano para esperar solo tres puntos que permitan comenzar la remontada en la tabla. Y por suerte para los de Holan, Martín Benítez y Gigliotti estuvieron acertados de cara al arco en casi los únicos tiros al arco en todo el encuentro. Aunque no fueron suficientes para evitar sufrimiento en los minutos finales, si lo fueron para volver a Avellaneda con algo más que una enfermería llena: un triunfo que permite acomodarse mejor en la tabla e irse al receso con un dolor de cabeza menos.

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1994. Si no rueda una pelota me siento incompleto. Cuando sea grande diré que vi jugar a Messi. Disfruto de leer y escribir.

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