MOOY COMO TRINCHERA

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«He’s got no hair, but we don’t care».

Cántico de los aficionados australianos

El pasado sábado arrancó el Mundial para Francia, por aclamación popular una de las grandes candidatas para levantar la Copa del Mundo el próximo 15 de julio en Moscú. Y, aunque lo hizo con una victoria frente a Australia, las sensaciones que transmitió el equipo de Didier Deschamps fueron de todo menos convincentes. En este sentido, gran parte de la culpa de que las estrellas galas se enredaran en la tela de araña diseñada por Bert van Marwijk recayó en la dinámica figura de Aaron Mooy (Sydney, 1990), todo un perro de presa que, por momentos, consiguió que el equipo que lidera Antoine Griezmann no encontrara una salida al laberinto en el que se adentró en Kazan.

A priori, partía como el rival más asequible del Grupo C. Pero después de su puesta en escena contra Francia nadie podrá negarle a Australia su derecho a soñar con pisar los octavos de final. Y es que los socceroos demostraron que ante la falta de figuras de renombre, cuentan con un grupo de jugadores que tiene una idea clara: correr más que el rival, ser solidarios en defensa y aprovechar cualquier ocasión que nazca de las botas de Mooy. Igual que hiciera con Holanda en la edición de 2010, en menos de seis meses van Marwijk ha sido capaz de dotar a sus hombres de un espíritu colectivo basado en el esfuerzo. Sólo así se entiende que Nabout, el hombre más adelantado, no dejara de presionar la salida de balón de Varane y Umtiti, o que Leckie y Kruse no dudaran en correr hacia atrás para ayudar a los laterales en constantes dos contra uno que durante gran parte del choque maniataron a dos jugadores tan explosivos y habilidosos como Dembélé y Mbappé. En cambio, a les bleus parecieron no pesarles los nervios del estreno y a los diez minutos ya había probado a Ryan hasta en cuatro ocasiones. Hasta que Mooy entendió que era el momento de rebajar la temperatura y se propuso desdibujar a algunos de los mejores atacantes del planeta.

Con cuatro goles en 36 partidos, el ‘13’ australiano se ha consolidado este año como uno de los centrocampistas con mayor influencia de la Premier League después de haberse erigido como uno de los héroes del histórico ascenso del Huddersfield a la élite del fútbol inglés. Sin el glamour que en su día tuvieron los Kewell, Viduka, Schwarzer o incluso el mito Tim Cahill –que a sus 38 años se encuentra disputando el cuarto Mundial de su carrera– Mooy exhibió ante Francia lo mejor de su repertorio, pues de él nacieron las mejores oportunidades del cuadro australiano. Especialmente de su fantástico golpeo a balón parado con la pierna derecha. Así, en el minuto 17, Lloris tuvo que emplearse a fondo sacando abajo un balón botado por Mooy desde la banda izquierda que Tolisso a punto estuvo de introducir en su meta. Sin ir más lejos, el penalti cometido por Umtiti y transformado por un verdadero especialista como Jedinak también tuvo su origen en el pie derecho de un Mooy que, apoyado en la buena actuación de los centrales Milligan y Sainsbury, fue capaz de contener el torrente ofensivo de una Francia que tuvo que, con empate en el marcador, tuvo que recurrir al juego directo buscando a Giroud. Porque, por mucho que Kanté demostrara por qué es el mejor recuperador del mundo y que Pogba acabara anotando el gol de la victoria, si la batalla por la zona ancha del campo tuvo un ganador ese fue el omnipresente Mooy, que en ningún momento dejó de ordenar a sus compañeros en ese compacto 4-4-1-1, cortar balones por alto y por bajo y lanzar las contras mientras a los hombres de ataque les respondieron las piernas.

Sólo el uso de la tecnología por primera vez en una Copa del Mundo eclipsó la actuación del pequeño pivote australiano (173 centímetros), comprado en su día por el Manchester City y al que el Mundial de Rusia podría servir como trampolín. Tanto Yotún como Eriksen, seguramente los futbolistas más imaginativos de Perú y Dinamarca, ya saben por dónde tendrán que pasar si quieren vencer a Australia.

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Periodista amante del fútbol vintage y devoto del único emperador romano: Totti. 'Yo creía en Dios porque pensaba que Dios era del Madrid'.

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