EL MUÑECO DE BARRO

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Todos crecimos escuchando hablar de Brasil. Escuchando más que viendo. Prendíamos la televisión, veíamos el nombre, la camiseta, los colores históricos. Pero faltaba algo. Algunos no sabían qué era, otros sí. Esa cosa indefinida ocasionaba una pregunta espontánea, que contenía muchas verdades y pocas respuestas. Nos hablaron de un equipo de Oro, de una calidad inmensa y de un juego que enamoraba. Cambiábamos de canal y no lo encontrábamos. De nuestra boca surgía el enigma: ¿Dónde está Brasil? Hay que buscarlo en el barro.

La mayoría no sabe cuándo se hizo por primera vez ésta pregunta. Algunos historiadores hablan del 5 de Junio de 1982 como fecha clave. Aquel día, el mundo observó cómo Brasil sucumbió ante un inmenso Paolo Rossi, que marcó un hat-trick perfecto y destruyó las esperanzas del país de la Samba. El »Jogo Bonito’‘ no funcionó. Le encontraron la fórmula para romperlo. Ya no era efectivo. Había que cambiar. Sin embargo, la modificación radical no llegó hasta 1990. En Italia, Brasil sufrió una dolorosa derrota ante Argentina con aquel recordado gol de Claudio Caniggia. El fracaso era inminente. A ese equipo lleno de grandes jugadores como Branco, Muller y Careca lo marcó esa derrota. Porque en Brasil, las cosas parecen ser así: todo lo que no sea un nuevo Campeonato del Mundo es una tragedia futbolística. Ya se notaban algunos tintes del futuro conservadurismo que pregonarían técnicos como Carlos Parreira, Vanderlei Luxemburgo y Carlos Dunga.

1994 fue el año del cambio. Con tremendos jugadores de mitad de cancha hacia atrás, como Dunga y Mauro Silva, y goleadores natos como Bebeto y Romario, Brasil mostró un juego pobre a lo largo de toda la Copa, al punto de ganar por penales una de las finales más aburridas que se recuerdan contra Italia. Curioso es que 24 años antes había vencido al mismo rival por 4-1 con, posiblemente, la mejor Selección de todos los tiempos.

El nuevo milenio llegó con renovaciones. A pesar de eso, Brasil llegó al Mundial de Corea-Japón envuelto en muchas polémicas. Las impecables Eliminatorias de la Argentina de Bielsa dejaron en segundo plano al equipo conducido por Luiz Felipe Scolari. Sin embargo, la historia es conocida: la Albiceleste quedó afuera en la Fase de Grupos y la Verdeamarelha llegó a la Final tras dejar afuera a rivales como Bélgica, Inglaterra y Turquía. No era la de 1970. Tampoco la de 1982. Pero aquel equipo tenía nombres que erizaban la piel. El trasfondo de juego existió y Brasil parecía volver a sus días de gloria. Cafú, Roberto Carlos, Edmilson, Ronaldinho, Rivaldo, Ronaldo Tras aquella final ante Alemania, nada parecía indicar que Brasil entraría en una crisis prolongada. Con el tiempo se sabría: la alegría en tierra orientales fue un oasis en el desierto.

El fin de la etapa de »Felipao’‘ dejó una profunda sensación de abandono y vacío existencial. Inició de esa forma un círculo vicioso: la necesidad de traer a los »técnicos que lograron resultados» para encabezar un proyecto que no existía. En 2003, regresó Carlos Parreira a la Selecao, y los tan necesitados resultados llegaron: Brasil ganó la Copa América en 2004, mostrando ciertos signos de debilidad. En 2006, ésto quedó claramente demostrado: con muchas figuras y poco juego, el Scratch fue eliminado por Francia en Cuartos de Final. Llegó el momento de Carlos Dunga. Cuando en 2007 ganó la Copa América y dos años después la Copa Confederaciones ante Estados Unidos, todo parecía indicar que Brasil volvía a ser. Pero en el Mundial 2010, intermitencias colectivas y un error de Felipe Melo ante Holanda acabaron con las suposiciones, y desapareció la cortina de humo. Brasil seguía jugando mal y las figuras ya no alcanzaban para conseguir resultados. El impresentable paso de Mano Menezes anunciaba el final del círculo: Luiz Felipe Scolari se encargó una vez más de la dirección técnica. El final es más que conocido. La Copa Confederaciones obtenida en el 2013 es una de las más grandes barreras de niebla que ha existido. Fred, Hulk, Oscar y Neymar destacaron ante enormes selecciones de bajo rendimiento. La desaparición del »Jogo Bonito», el fin del ciclo de oro español previsto por Felipao y una merecida goleada en la final con un aceptable rendimiento colectivo fueron algunas de las cosas que dejó aquella Copa, que sirvió de sedante para las multitudes. La bomba estallaría el 8 de Julio del año siguiente. El 7-1 ante Alemania volvió a marcar la necesidad de un cambio que, otra vez, no llegó.

Otra vez, Dunga se vistió de traje y prometió resultados. Buen juego no, sólo resultados. Nada más lejos de la realidad: la Copa América que pasó nos dejó un Brasil pálido, somnoliento, sin ideas y con poco trabajo. Es innegable que hay grandes jugadores pero también es indiscutible que ninguno entiende muy bien su función. El no contar con 9 fijo requería un sacrificio mayor de jugadores como Willian, Coutinho, Robinho, Tardelli o Roberto Firmino. Nada alcanzó. La floja estructura defensiva y el pelotazo fueron dos facetas que recordaron muchísimo al Brasil del Mundial pasado. Si llega la pelota, le pegamos. No importa a dónde. Que salga de la cancha si es necesario. La crisis de juego perfectamente ejemplificada.

El tiempo del cambió ya pasó. No es una obligación, es una necesidad. Nadie puede decir que no existen alternativas. Incluso, se supo que hasta el mismísimo Pep Guardiola tuvo deseos de dirigir al Scratch. Técnicos jóvenes con ideas de ataque nunca faltan. Ideas claras, un proyecto de continuidad. Por primera vez, Brasil debe alzar la vista y ver que se ha estancado, que se quedó en el pasado. Debe copiar el ejemplo de los demás. Por su bien y por el bien del buen fútbol.

La culpa la tienen ellos, los resultadistas. Ellos lo desviaron, hicieron que deje de brillar. Le dieron la espalda a la historia. Pensaron que la mística alcanzaba. Y no fue así. Lo que antes relucía de verdad, hoy brilla menos que una moneda de bronce. Lo que antes parecía una bella escultura, hoy es un feo muñeco de barro. En algún momento, hubo tranquilidad y esplendor. Hoy, angustia y cenizas. Usted estará contento. Pero los amantes del fútbol quieren ver nuevamente a Brasil. Ese que daba miedo. Ese que era el candidato siempre. Aquel equipo que daban ganas de meterle un gol porque se sabía lo difícil que era, lo que valía. Pero vista la situación actual, ¿cuánto tiempo más habrá que esperar?

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Un romántico del futbol. Messista. Argentino por sobre todo. Junto letras en @PasionFulbo y @Uni_Futbolero. Muy ocasionalmente en @KaiserFootball.

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