MILINKOVIC SAVIC EN EL PATIO DEL COLEGIO

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«Lo di todo sobre el campo. Corrí, salté, luché cada balón. 
Tras el partido estuve una hora en el vestuario 
sin poder moverme, no pude ni ducharme».

Sergej Milinković-Savić

La primera jornada del Grupo E dejó un nombre propio destacado. No fue el de Neymar, quizá algo falto de ritmo para guiar a Brasil al triunfo ante una combativa Suiza. Tampoco el de Coutinho, quien compartió con Kolarov el premio al mejor gol del día. De cualquier modo, la mejor actuación individual corrió a cargo del enganche serbio Sergej Milinković-Savić (Lleida, 1995) que descosió a Costa Rica con un recital de controles, pases y conducciones que no hizo sino confirmar todas las virtudes que ha exhibido en esta última campaña en la Lazio.

«Físicamente es perfecto: es rápido, corre mucho –entre 12 y 14 kilómetros por partido–, es fortísimo, cabecea fenomenal, dispara bien con la derecha y con la izquierda y, a pesar de ser alto, tiene una técnica increíble. Hace cosas reservadas a jugadores bajitos», comentaba el antiguo delantero serbio Mateja Kežman, su agente, el cual le descubrió cuando trabajaba como directivo en la Vojvodina. Hijo de un futbolista que hizo carrera en pequeños equipos de España y de una jugadora de baloncesto que se desempeñaba como ala-pívot, Milinković-Savić fue el director de la orquesta serbia que en 2015 se proclamó campeona del mundo sub-20 ganando a Brasil en la final de Auckland. Para entonces, el Genk belga ya había echado sus redes sobre él, antes de que el ganador del Balón de Bronce con el que fue premiado en el torneo juvenil le catapultara a la mitad blanquiazul de Roma.

En su país no tardaron en referirse a él nada menos que como una mezcla de Stojković, Jokanović y Jugović, unas expectativas que Sergej –el nombre que luce en la camiseta– se encargó de confirmar en su debut mundialista contra Costa Rica. Ubicado como el verso suelto del 4-5-1 con el que Mladen Krstajić saltó al césped de Samara, desde el principio se pudo observar cómo Milinković-Savić se movía por delante del doble pivote formado por Matić y Milivojević y unos metros por detrás del delantero Mitrović. Sus 192 centímetros hacen que parezca lento de movimientos; en cambio, su inteligencia y su depurada técnica encontraron en Tadić a un socio de excepción a la hora de intentar encontrar un agujero en la defensa de Costa Rica. A pierna cambiada, el zurdo Tadić, con seguridad el jugador más habilidoso del conjunto balcánico, consiguió estirar los espacios buscando la línea de fondo y recortando una y otra vez al lateral Calvo, superado en cada duelo individual. Con Ljajić desaparecido en la izquierda, Serbia edificó su ataque sobre el triángulo formado por Milinković-Savić, Tadić y Mitrović en una primera parte en la que lo más destacado fue un acrobático remate de chilena del propio Sergej al que Keylor Navas respondió de manera fantástica a pesar de estar invalidada por fuera de juego.

A la vuelta de los vestuarios comenzó a verse la mejor versión del interior de la Lazio, que esta temporada llegó a ser el jugador de la Serie A que más goles había hecho desde fuera del área y el que más duelos individuales había ganado. Apoyado en un Mitrović más voluntarioso que acertado, pero cuyo desgaste fue fundamental, Milinković-Savić poco a poco fue adueñándose de más y más metros del centro del campo, participando tanto en la cocción del ataque como en la finalización, ya fuera con veloces conducciones, con potentes tiros desde media distancia que obligaban a la defensa tica a correr hacia atrás o con sutiles pases filtrados a la espalda de la zaga que el delantero del Fulham fue incapaz de aprovechar al encontrarse con la felina figura de Navas. Sería Kolarov quien acabaría perforando las redes de Costa Rica con un magistral lanzamiento de falta, pero una vez más fue Milinković-Savić quien contemporizó a su antojo el encuentro en los últimos minutos, escondiendo el balón a base de deliciosas pisadas y usando su cuerpo, cuando la selección centroamericana dio un paso hacia adelante en busca de un empate neutralizado por una defensa, la serbia, que transmitió una tremenda sensación de solidez sujetada por la imperial actuación de Matić y la solvencia del joven central de la Fiorentina, Milenković, de sólo 20 años.

Así es cómo la brillante presentación del mayor talento de la generación de 1995 hizo que Serbia ganara un partido de la Copa del Mundo siete años y 364 días después de su último triunfo, ante Alemania en la edición de 2010. Una vez superado el reto del estreno, la siguiente meta de Sergej será seguir siendo regular ante Brasil y Suiza.

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Periodista amante del fútbol vintage y devoto del único emperador romano: Totti. 'Yo creía en Dios porque pensaba que Dios era del Madrid'.

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