EL PROGRESO DE MAXIMILIANO MEZA

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En el último semestre, Maximiliano Meza se confirmó como una pieza de vital importancia para Independiente. El ex Gimnasia es un futbolista que puede relacionarse bien con distintos perfiles y encajar en más de un contexto.

La salida de Emiliano Rigoni, en julio de 2017, trastocó gran parte de los papeles de Ariel Holan. En aquellos primeros seis meses del entrenador al frente del club, Independiente destacó por ser un equipo letal al contrataque. Su plan inicial había sido el de la posesión, con Walter Erviti como habitual titular. La ejecución no era mala, pero faltaba algo. Cada rival que defendía cerca de su arco se transformaba en un dolor de cabeza para el Rojo, que además, cuando generaba, no concretaba. Pero Holan fue pragmático y vio que había un camino más simple y efectivo en la velocidad de sus atacantes. Por aquellos días, Independiente ganaba de visitante y empataba de local. Maximiliano Meza alternaba titularidades y suplencias; su paso por el club comenzó a ser visto con otros ojos cuando ingresó desde el banco en el clásico ante Racing, y selló el triunfo por 2-0 con un golazo.

Tras la salida de Rigoni, el contraataque ya no podría ser el mismo. El cordobés era una carta ganadora como pocas en ese aspecto. Había que buscar una nueva manera. Todo conducía a mejorar el plan inicial: el juego de posesión. En el segundo semestre de 2017, Independiente mejoró muchísimo aquella faceta. El fútbol asociado del equipo destacó como pocos a nivel sudamericano, y Maximiliano Meza fue fundamental para aquello. Holan ubicó al ex Gimnasia en diferentes posiciones; en algunas oportunidades, esto confunde al jugador, pero en este caso, sirvió para que el futbolista conozca la jugada desde distintos lugares. Así ganó visión, recursos, panorama. Progresivamente asumió mayores responsabilidades, pisó cada vez más zonas de la cancha, aprendiendo cómo relacionarse y actuar en cada sector. Hasta que se consolidó como mediapunta, por detrás del nueve. Ya no estaba la pausa de Erviti, sino la gambeta de Meza.

El correntino jugó prácticamente todo el segundo semestre a un gran nivel. Independiente, como colectivo, mejoró en el manejo de los tiempos. Fue paciente para tocar, agruparse, mover la pelota y al rival. Su línea de mediapuntas, con Meza a la cabeza, entendió cuándo se debía cambiar el ritmo de los ataques. Todo esto, acompañado por los resultados, que permitieron darle mayor credibilidad al plan. Por eso Independiente fue capaz de remontar en la Copa Sudamericana ante Atlético Tucumán, Libertad y Flamengo: porque nunca dejaba de creer en su idea. El juego asociado en campo rival, con triangulaciones y cambios de ritmos, siempre le permitió confiar en sus chances ante cualquier rival.

Pero no todo es tan sencillo. El proceso que llevó a Maxi Meza a consolidarse como una pieza fundamental fue demasiado acelerado, y en su naturaleza de jugador, ciertas cosas no estaban. Meza no fue siempre un conductor; debió transformarse. A su manera, con menos pausa y más gambeta; pero lo cierto es que Independiente lo necesitó en casi todos sus ataques, algo que conllevaba un gran desgaste físico y mental. Se trata de un jugador que a pesar de haber asumido cada vez más tareas en clave ofensiva, necesita sus descansos en el partido, dejar el papel protagónico y tomar por momentos uno más secundario. Y quien más lo ayudó a lograr eso fue Ezequiel Barco. Desde la banda izquierda, a pierna diestra y con la cancha de frente, el juvenil de apenas 18 años demostró su carácter al no esquivar aquella responsabilidad. Si el equipo le pedía mayor intervención en las jugadas, Barco respondía. Y Meza descansaba pasando a un papel menos agotador, como podía ser el mano a mano ante el lateral, donde las opciones suelen ser más de finalización y desborde que de paciencia y visión para orientar el ataque. El partido en el Maracaná ante Flamengo es la muestra de aquella sociedad que conformaron Meza y Barco: Ambos presentes en cada ataque, pero intercambiando zonas de la cancha y funciones; Inteligentes para saber cuando poner una pausa y tocar hacia atrás, y cuándo acelerar para dejar rivales en el camino.

Pero así como antes se había ido Rigoni, llegó la salida de Barco. Independiente iba a necesitar más variantes para ganar fluidez en su juego. Sobre todo, porque su doble pivote estaba más relacionado al primer pase y las coberturas defensivas que las acciones en campo rival. Por eso Holan insistió en la llegada de Fernando Gaibor, alguien que parte desde segunda línea pero cuenta en su experiencia con capacidad y placer por ser armador. Por su parte, Jonathan Menéndez puede ocupar el puesto vacante que dejó Barco, pero su juego está más relacionado al desequilibrio que a la organización. La adaptación adecuada de Gaibor se necesitará rodaje. Para Holan el negocio de explotar las virtudes del ecuatoriano estará siempre y cuando no se pierda gran parte de la fiabilidad defensiva que el equipo había encontrado en la dupla conformada por Diego Rodríguez y Nicolás Domingo.

Pero mientras la coordinación se busca, Martín Benítez ha aparecido como un futbolista que puede permitirle a Meza intercambiar responsabilidades en determinados momentos del partido. El Misionero, ya con apoyo más generalizado de su público, está con confianza y demuestra progresos en el ataque posicional: pide más y mejor entre líneas, busca pase después de lograr una primera gambeta, confía en su remate de media distancia y comprende mejor los apoyos que debe realizar para generar superioridad numérica. Ante Banfield fue Benítez quién ocupó esa zona central de la mediapunta, con Leandro Fernández y Juan Manuel Martínez en los costados; En la visita a San Martín de San Juan, volvió a ocupar ese puesto, pero sólo por pasajes del segundo tiempo, cuando Meza necesitó alejarse del constante roce físico. Para Holan es una gran noticia que sus piezas se adapten a distintas funciones y mejoren en el ataque posicional. Meza y Benítez son futbolistas de velocidad, gambeta y vértigo que aprendieron a dosificar aquello para servir al ataque posicional del equipo. Pero aquellas siguen siendo sus características principales. Y eso, sumado a la gran capacidad que promete tener Menéndez para atacar los espacios, le devuelven al entrenador la posibilidad de tener el contraataque como una variante más que interesante. Pero esta vez no será una vía de escape sino sólo un recurso, porque desde aquel primer Independiente a este, el juego asociado ha dado un paso adelante. Y Maximiliano Meza fue fundamental para que eso sea posible.

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1994. Si no rueda una pelota me siento incompleto. Cuando sea grande diré que vi jugar a Messi. Disfruto de leer y escribir.

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