ESE GORDO DEFORME

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Todos sabemos que Palermo tapó a varios centrodelanteros en Boca. Marioni, Bueno, Boselli, Viatri, Blandi y algunos otros. Dentro de esos «otros», hay uno que salió del país siendo un Don Nadie. Y en medio de esa historia aparece Vélez. Un equipo en el que no todas las decisiones son acertadas, pero si muchas de ellas. Ampliaron el campo de análisis y miraron a Sudamérica. Alguien debe haber seguido a un 9 gordito, algo jorobado, lento de movimientos. Lo debe haber hecho durante varios partidos, en los que anotó 12 goles en 28 partidos con la camiseta de Universidad Católica, ganándose la transferencia al Genoa de Italia. Y allá en Europa, donde las cosas son muy distintas, a este excéntrico delantero le costó adaptarse. Vélez le abrió las puertas y arriesgó desembolsando una suma de dinero que hoy, años después, parece un vuelto para la calidad del jugador.
Y qué buena resultó aquella transferencia para el fútbol argentino. Ayer en la cancha escuché a alguien decir «yo no entiendo cómo ese gordo deforme les puede pintar la cara». No es una locura. Ese gordo deforme hace de sus deformidades una virtud. Pone el cuerpo como pocos y tiene una potencia increíble. Sin la pelota, se mueve bien. Sabe aguantar, descargar, tirarse atrás y asistir. Puede ser nueve de área o jugar como acompañante. Hasta le da el cuero para dar una mano por algún costado y partir desde ahí para atacar.
Dentro de lo malo de la derrota de mi equipo, ayer por lo menos pude disfrutar de ese tipo que raramente, sigue en nuestro fútbol. Se acostumbró a ganar y a hacer goles. Ganó títulos y peleó copas. No tengo dudas que hoy por hoy, es el mejor delantero del fútbol argentino.

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1994. Si no rueda una pelota me siento incompleto. Cuando sea grande diré que vi jugar a Messi. Disfruto de leer y escribir.

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