Liverpool 0-0 Bayern Munich.

EMPATE CON POCAS LUCES

En el mítico estadio de Anfield, Liverpool recibía a Bayern Munich en el encuentro de ida de los octavos de final de la UEFA Champions League. Jürgen Klopp improvisó con el polifuncional Fabinho en la zaga junto a Joel Matip, ante las ausencias de Virgil Van Dijk, el estandarte de la defensa, y su habitual compañero Dejan Lovren. También fue una sorpresa la titularidad del guineano Naby Keita relegando al banco de suplentes a James Milner, una fija para los Reds cuando de partidos definitorios se trata. Por el lado de los teutones, vale destacar las ausencias de Thomas Müller, Arjen Robben y Jerome Boateng.

El desarrollo del primer tiempo podría dividirse en dos partes: en el inicio, se jugó más a lo que quiso el Bayern. Desde la buena capacidad técnica del arquero Manuel Neuer y los centrales Niklas Süle y Mats Hummels, los dirigidos por Niko Kovac lograban salir airosos de la típica presión alta de los de Klopp, y una vez superada esa primera barrera encontraban muchos espacios para desplegar sus ataques. En la derecha, por caso, Serge Gnabry se transformó en un verdadero dolor de cabeza para Andrew Robertson en el mano a mano.

Sin embargo, con el correr de los minutos la tendencia fue cambiando, y el Liverpool comenzó a adueñarse del partido. Los alemanes empezaron a dividir cada vez más la pelota en la salida, y jugadores como Keita y Georginio Wijnaldum empezaron a manejar los hilos acompañados del siempre inteligente Roberto Firmino, que tirándose atrás salía del radar de sus marcadores para asociarse con los mediocampistas. Los 45 minutos iniciales finalizaron sin goles, pero con la sensación de que el equipo local estaba mucho más cerca de abrir el marcador.

En la segunda etapa ese entusiasmo final del Liverpool se esfumaría por completo. El Bayern apostó por posesiones más largas, probablemente buscando cortar con el ritmo frenético de su rival, y lo cierto es que logró su cometido porque el encuentro se volvió plano y sin llegadas. Mohamed Salah y Sadio Mané, las individualidades llamadas a desequilibrar desde la gambeta y la velocidad cuando lo colectivo no aporta soluciones, tuvieron una noche realmente floja. En contrapartida, Hummels se erigió como la gran figura de la etapa final, ganando muchos duelos individuales a pura firmeza. Los cambios revitalizaron un poco a los Reds y les dieron un último envión para buscar la victoria, pero no alcanzaron para romper el empate. Todo se definirá en el Allianz Arena.