RIVER NO ENCUENTRA EL FUNCIONAMIENTO

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El equipo de Gallardo sigue sin hallar el funcionamiento y volvió a sufrir un mazazo de Lanús, con la diferencia de que esta vez la consecuencia es seguir alejándose del torneo. River no puede seguirle el paso a Boca y cada vez se hace más utópico pensar en prenderse en el torneo.

Era la oportunidad de sentar cabeza y empezar a escalar puestos. En la jornada anterior, contra Olimpo, River no tuvo un desempeño notable pero pudo ser superior, con un sobresaliente Ignacio Scocco, que en dos situaciones simplificó la noche. El ingreso de Juan Fernando Quintero resultó esperanzador por el efecto contagio que podía significar en sus compañeros resolver a uno o dos toques. La posibilidad de bajar el ritmo y la intensidad para acordarse de jugar, aprovechar la pelota y encontrar los espacios parecía más cercana.

Sin embargo, en La Fortaleza el equipo mostró las mismas falencias, es decir que no se las puede corregir durante la semana. Laterales sin complicidad, escasez de juego interior, inconsistencia en el retroceso, problemas para la creación y pocos argumentos para llegar a zona de definición.

River comenzó tomando la delantera a partir de la tenencia; la circulación de la pelota encontraba a los centrales en zonas de altura y los laterales pegados a la raya, con la intención de encontrarse con los volantes y poder desbordar. Por el otro lado, Lanús intentaba mantener el trabajo que dejó Almirón con un equipo ordenado, ágil y con las triangulaciones como eje para la elaboración. Ambos equipos sufrieron imprecisiones en los pases -con alta complicidad de un campo de juego irregular- sobre todo a la hora de salir jugando, que fue otra intención en común. De hecho en los primeros minutos ambos equipos pudieron abrir el marcador a partir de errores en la salida rival.

Los errores en el Millonario se multiplicaron con el correr de los minutos, hasta que una mala entrega en la mitad de la cancha le costó caro. En aquella jugada, Lanús defendió y recuperó ordenado para luego desordenarse y encontrar el pase final, mientras que River siempre fue demasiado ordenado y posicional en ataque, sumado a graves problemas de retroceso, ya que la mayoría de los jugadores pasaban la línea de mitad de cancha. Y así aprovechó Lanús.

El segundo tiempo fue una continuidad, pero con los dos equipos aún más apagados desde la creación. Los volantes centrales, Leonardo Ponzio e Ivan Marcone, tuvieron buenas actuaciones pero no bastó para que la creación sea fluida. El ingreso de Quintero en lugar de Ignacio Fernández insinuaba una necesidad de bajar un cambio, pero el colombiano no tuvo posibilidades de juntarse y empezar a repartir el juego. Mismo caso para Rodrigo Mora, que en muchos casos quedó anclado a los costados y no pudo gravitar.

Los de Gallardo están a 16 días de la primera fecha de la Copa Libertadores y todavía no dan garantías ni confianza para pensar en un buen desempeño. Se espera por la recuperación de algunos y por el comienzo de otros, sobre todo de Lucas Pratto, quien aún no se amigó con el juego ni con el arco.

River invirtió una gran cantidad de plata para solidificar el equipo, pero hoy la demanda está en la idea; en la profundidad que tiene como conjunto. Dentro de ella deberá encontrar matices que incidan con el funcionamiento, encontrar comodidades para los nuevos y tratar de no inquietar a los viejos. Gallardo está nuevamente en un laberinto del cual tendrá que salir con su capacidad y la de sus jugadores. Y por supuesto, deberá volver a encontrar el triunfo, pero acompañado de un sistema de juego confiable que transmita una seguridad que hoy no existe.

Por: Matías Quaranta

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El fútbol de otra manera.

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