PEQUEÑAS MUESTRAS DE POTENCIAL

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Lanús le ganó 1-0 a Junior en el partido de Ida correspondiente a los 16avos de final de la Copa Sudamericana. El equipo dirigido por Ezequiel Carboni se impuso desde la vía aérea, tras un cabezazo de Rolando García Guerreño.

De entrada, Carboni sorprendió con la inclusión de Marcelino Moreno como interior izquierdo. El mendocino es un extremo veloz y hábil para el mano a mano, por lo que jugar en la zona más congestionada del campo podía perjudicarlo. Y en ciertas acciones así sucedió. El posicionamiento para recibir y jugar de espaldas en una zona inusual se evidenció como una habilidad aún no adquirida, por lo que perdió algunas pelotas en zonas contraproducentes. Pero este Lanús está en proceso de reconstrucción, y es probable que con Moreno en mitad de cancha, Carboni haya buscado mayor ritmo en la circulación, así como también en la transición defensa-ataque.

Los del Sur son un equipo muy joven y necesitarán de tiempo para ensamblar una idea. Pero la mejora que se advirtió ante Junior de Barranquilla fue en el posicionamiento sin pelota. El semestre pasado, Lanús mostraba grandes falencias en el retroceso. Contra el conjunto colombiano hubo velocidad en ese rearmado defensivo, con Gonzalo Di Renzo -bajo nivel- y Lautaro Acosta cerrando las bandas para formar un 4-5-1 rígido, en un bloque más bajo de lo habitual y menos intentos de presión. Claro que en frente también hubo un rival que en ningún momento se desesperó por ir en busca del arco custodiado por Esteban Andrada. Sólo algunos destellos de Teófilo Gutiérrez se mostraron como una clara amenaza. Junior no tuvo a Víctor Cantillo en la mitad de la cancha, y sentirá por un tiempo la sensible ida de Yimmi Chará.

Lanús no jugó un partido deslumbrante, pero sí correcto y por momentos, esperanzador. Por ejemplo, la solvencia a confirmar en la zaga central, el buen nivel -sobre todo en el segundo tiempo- del joven mediocentro Tomás Belmonte, claridad y buena pegada en el gol por parte de Fernando Barrientos y mucha constancia en su centrodelantero Fernando Coniglio. El atacante ganó con facilidad a la última línea colombiana, puso a correr a sus compañeros y siempre se mostró comprometido para situarse por detrás de la pelota para defender. Justamente, la ubicación de Moreno demostró tener sentido en pasajes muy puntuales, cuando éste se desprendía de la línea de volantes para acompañar como un segundo punta. La lesión de Lautaro Acosta obligó al ingreso del lateral Marcos Pinto -de buen rendimiento- y aquel recurso perdió efecto, pero Carboni puede esperanzarse con potenciar esos momentos individuales y colectivos.

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1994. Si no rueda una pelota me siento incompleto. Cuando sea grande diré que vi jugar a Messi. Disfruto de leer y escribir.

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