“LA NUESTRA” Y EL ESTILO ARGENTINO

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Hablan de escuelas, de estilos. De ver el fútbol, de vivir la vida y de sentir emociones. Los ismos no tienen un solo objeto de deseo. Una guerra declarada hace más de 50 años que parece no tener fin y que tiene como botín algo más que un resultado deportivo. El eje está corrido, torcido. A ninguno de los totalitaristas le interesa el objetivo principal. Solo les interesa tener razón y dominar el pretencioso título de “La nuestra”.

Los conceptualistas de uno y de otro ismo futbolístico han llevado agua para su molino a partir de los logros obtenidos. Que lo único es ganar. Que lo importante son las formas. Liristas y resultadistas han intentado captar esa definición. El “se juega como se vive”, que tan arraigado está en el pensamiento futbolero, se fue a los extremos y generó una grieta (si, le vamos a decir así) entre los defensores de ambos términos. No sólo a partir de lo que ocurre dentro de una cancha de fútbol, sino que también desde la concepción de una forma de vivir.

“La nuestra”  tiene que ser distinta. Si lo que ocurre dentro de un campo de juego es una representación de lo que se mama de chico, resulta difícil comprender y aceptar que el estilo argentino sea una única forma de jugar. Más aún con la cantidad de cambios que sufrió el país y sus habitantes en los últimos 40 años. La Selección Argentina ha sido un espejo de esa realidad. Varió su juego sin un rumbo determinado, pero cada vez que tuvo un entrenador con creencias firmes y argumentadas ha conseguido logros. Entonces ¿Por qué llevar “la nuestra” al reduccionismo de, simplemente, un estilo?

La identidad de una forma futbolística va de la mano de sus protagonistas. Ellos son argentinos y, como cualquier otro ciudadano, han vivido los cambios repentinos que sufre el país. En un repaso rápido, un argentino de, aproximadamente, 25 años vivió tres realidades distintas. Los ’90, la crisis y una recuperación. Si, en cambio, nombramos a una persona de 40 años, hay que sumarle la dictadura y la vuelta a la democracia. En cada caso, existe en el argentino un desarrollo de la capacidad de adaptación a las transformaciones. Los futbolistas han pasado por esos cambios y han tenido que seguir adelante en sus vidas personales. Están acostumbrados a los cambios de rutina, a la improvisación y a desenvolverse con facilidad. Entonces “si se juega como se vive” ¿Por qué no trasladarlo al deporte? ¿Por qué encasillarnos en un estilo determinado? ¿O acaso los futbolistas argentinos no han demostrado éxitos con diferentes premisas?Es común escuchar entre los entrenadores extranjeros decir que el futbolista argentino tiene un plus. Que es competitivo, que posee capacidad de aprender y ponerse a las órdenes de lo que le pida el técnico. La polifuncionalidad como virtud propia argentina. Son todas cualidades que hacen a una identidad futbolística. Más allá de las aptitudes técnicas y tácticas que pueda tener un jugador, lo que los iguala es la concepción de lo que pasa adentro de la cancha. Si un jugador está convencido, se adapta al cambio ya sea con mente ofensiva, defensiva o box to box.

¿Acaso no es común ver como un jugador argentino brille en diferentes ligas y bajo distintos entrenadores? Si bien existen algunos que priorizan su propio estilo por sobre el rendimiento colectivo, el común de los futbolistas que ha pasado por la Selección se amoldó a lo que pedía el entrenador de turno. En 40 años Argentina consiguió los logros más importantes de su historia. En cada uno de esos torneos la unión de los futbolistas superó al estilo. La convicción y la conformación de un buen grupo humano fue la clave de los triunfos históricos. Cada elección de jugadores ganadora tuvo una decisión fundamentada en el grupo y en las buenas relaciones personales. Menotti, Bilardo, Pekerman, Basile y Sabella priorizaron el grupo con alguna elección de jugadores. Batista fue el único que aceptó que le impusieron a alguien que el grupo no quería. Duró menos de 10 meses en el cargo.

El resultadismo sin formas es un mito. El lirismo sin resultados, no existe. Nadie llega a un objetivo sin atravesar un camino. Y nadie comienza a transitar uno si no tiene una meta. La capacidad argentina es, como en la vida, adecuarse a su entorno. Insertarse en el contexto y patear juntos en post de una tarea. La identidad nacional está dada en la capacidad de adaptación, del convencimiento y de la generación de un equipo unido. Las grandes gestas deportivas argentinas tienen en común eso por encima de los estilos. Rugby, fútbol, hockey, básquet, clubes y selecciones. En la mayoría de los casos, la unión del grupo está por encima de las individualidades. No hace falta ser amigos sino tener sentido de pertenencia. El estilo es superfluo.

Al fin y al cabo, la “nuestra” es la más vieja de todas las teorías: “Los hermanos sean unidos, esa es la ley primera porque si entre ellos se pelean, nos devoran los de afuera”.

Federico Lamas
@Fglamas

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El fútbol de otra manera.

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