Walter Mazzarri.

LAS INTERMITENCIAS DE MAZZARRI Y SU INTER

La actual temporada no es la mejor del Inter, que atraviesa una crisis de juego. Sin muchas variantes, Mazzarri aún no encuentra el rumbo de un equipo que deberá mejorar para entrar a la Europa League.

La transición post Mourinho viene siendo la problemática del Inter desde hace un tiempo. Con el entrenador luso consiguió ganar la Champions League de 2010, y luego han pasado Rafa Benítez, Ranieri, Stramaccioni (entre otros) y quién hoy está en el banco, Walter Mazzarri, pero ninguno ha podido llevar al equipo a un nivel colectivo que lo vuelva poner en los primeros planos de competencia.
 
De la mano de Rafa, el Neroazurro se llevó el Mundial de Clubes, pero sacando diferencias ante el Mazembe congoleño, casi sin dificultades, y sin tener un buen rendimiento. Luego de ese torneo, el director técnico español sería destituido. Los entrenadores siguientes que la entidad tuvo no pudieron hacer que el club vuelva a celebrar un título. Tampoco han logrado asentar un sistema de juego base ni trascender en los torneos disputados a partir de una idea.
 
Stramaccioni, haciendo sus primeras armas en los bancos, comenzó por darle pulcritud al juego con pelota, y el Inter tenía un rumbo, pero los resultados nuevamente no se dieron y se vio obligado a irse. Hoy, la situación está en poder de Walter Mazzarri, que abandonó su muy buena labor en Napoli para encarar un nuevo proyecto. Hasta el momento, los planes que se establecieron a inicio de temporada están lejos de concretarse, y el equipo tendrá una reñida pelea para poder volver a jugar internacionalmente e ingresar a la Europa League.
 
De todas maneras, con Mazzarri el colectivo tiene una idea de juego, marcada y respetada a pesar de los resultados, aunque en la mayoría de los encuentros no pudo ser bien desarrollada, y las variantes que Walter intenta probar todavía no se asientan en Inter. Es cierto que la presente es la primera temporada en que está a cargo del equipo, pero también lo es que la idea todavía no está bien constituida, y que muchas veces no encuentra generación de juego ni imaginación colectiva.

El esquema que incorporó y utilizó en casi todos los juegos que ha disputado ha sido el 3-5-2. Tres zagueros, una línea que se hace de cinco hombres en el retroceso por los carrileros, un mediocentro, dos interiores que se encargan de crear juego, y dos delanteros, uno que actúa como referencia y el otro que se asocia frecuentemente con los mediocampistas para enlazar las líneas.
 
La salida del balón
 
Allá por el verano europeo de mitad del año pasado, Mazzarri asumió y, de a poco, a pesar de no lograr dar un vuelco en el fútbol del equipo, propició la salida del balón jugado desde atrás. Con el transcurrir de los partidos esperó ir perfeccionando esa idea, pero lo cierto es que los tres defensores que alinea tienen poca capacidad de primer pase, y la única forma es jugar al lateral, donde al Inter se le dificulta poder superar la presión en banda.
 
Los balones directos hacia Icardi/Milito, o hacer que rápidamente la bola caiga en los interiores de la manera que sea, ha sido de las únicas salidas que han encontrado para poder llevar la bola a campo rival. En pocas situaciones, por el excesivo repliegue del conjunto contrario, los zagueros no han tenido problemas en avanzar con la pelota en sus pies, aunque no es su fuerte.
 
Los interiores y la generación
 
Con la llegada de Hernanes en el mercado invernal, el entrenador ha podido disponer de un trivote en el centro del campo que cada día se complementa mejor, y hace el juego con una calidad que va in crescendo. Anteriormente, sin el brasileño, alternaban entre Kovacic o Taider, aunque ambos futbolistas tienen menos agresividad. El primero aporta pausa, es necesario en ciertos tramos; el segundo es muy displicente con pelota, arriesga mucho y se nota que aún no ha evolucionado lo necesario.
 
En otras ocasiones, Guarín ocupaba el lugar de Hernanes, y era Ricky Alvarez quién se ubicada como interior en el otro costado. El ex jugador de Vélez se sigue desempeñando en ese lugar, de hecho siempre que juega lo hace allí, pero Mazzarri ha encontrado una asociación entre tres hombres en la medular que le puede dar buenos dividendos a futuro.
 
La razón de porqué ha tenido un salto en el juego el Inter con Cambiasso, Guarín (alterna con Kovacic) y Hernanes en la mitad es sencilla. Tanto el colombiano como el carioca ocupan bien sus espacios interiores y explotan adecuadamente las espaldas de los volantes rivales. Además, el argentino hace muy bien los relevos y sabe ir siempre a zona de pelota para generar superioridad numérica.
 
El ex centrocampista de la Lazio, que tiene la capacidad de golpear el balón eficientemente tanto con su pie derecho como con el zurdo, suele adelantarse unos metros, colocarse en el vértice izquierdo del área rival, y allí esperar la consecuencia de una asociación entre uno de los zagueros y el carrilero, que por esa banda es Nagatomo. Ese movimiento está cada vez más aceitado desde que el DT asumió, dado que las triangulaciones formadas toman parte de la generación. Si tenemos en cuenta el flanco izquierdo, Juan Jesús es el que corre hasta la mitad de cancha con balón dominado, juega hacia el japonés y, en ese mismo instante, Hernanes ya está buscando su lugar cerca del área rival para generar juego entre líneas y dar apoyo a Nagatomo.
Por el otro costado, la ecuación es igual, pero no con la misma agresividad, dado que Guarín, Kovacic o Alvarez, quién juegue allí, tienden a cerrar mucho su juego, y en las combinaciones por fuera suelen quedarse cerca de la línea media del terreno. En algunos momentos del partido, Freddy hace la misma labor que comentamos en el anterior párrafo, pero no tiene el ímpetu en el manejo de balón que sí tiene Hernanes.
 
Tenencia y el intento de ser profundo
 
El Inter es un equipo acostumbrado a jugar con la posesión de balón, pero si el adversario le tapa los caminos principales, le cuesta una enormidad encontrar variantes. Su tenencia se hace inofensiva, y la búsqueda de la profundización lo hace entrar en un terreno en el que confunde los ataques, se enreda en el entramado defensivo del rival, no tiene imaginación y se hace repetitivo.
 
Ha habido partidos en donde al Inter le han jugado con dos líneas de cuatro muy cerca del área, y al Neroazurro se le han cerrado todos los vacíos. Uno de los encuentros que se puede tomar en consideración es el jugado ante Bologna. Los dirigidos por Ballardini se cerraron durante los 90 minutos y solo concedieron dos goles por una distracción en la marca, un tiro lejano, y la gran actuación de Icardi. Ante este panorama, ni Hernanes ni Guarín pueden filtrarse ni generar líneas de pase. El juego del Inter se resiente sobremanera, y desde la llegada de Mazzarri ha habido poquísimas opciones para salir de esas situaciones.
 
A partir de allí, las salidas rápidas del rival son un problema grave en este Inter. Precisamente ante el Bologna, los tantos del empate fueron de esa manera. Los de Mazzarri sin ideas pierden la pelota, están mal parados en ataque, y el contrario toma a los jugadores a contrapierna para la transición defensiva. Los interiores no relevan a Cambiasso, y el Cuchu queda solo ante la contra rival, con unos zagueros que pocas veces toman bien las marcas y no dejan espacios.
 
Para observar con claridad esto, basta con ver la última jugada del partido que comentamos. Es evidente que en el Giuseppe Meazza el local se volcó sobre el arco contrario al final para conseguir la victoria, pero marcó tan mal que al contraataque Bologna tuvo la más clara del encuentro y pudo ganarlo de no ser por un estupendo Handanovic. Se puede tener en cuenta este partido, pero así han sido varios en la actual Serie A.
 
Es extraño que Mazzarri pocas veces haya cambiado el esquema desde que asumió. Siempre se mantuvo en 3-5-2 (al comienzo, usaba el 3-5-1-, Alvarez mediapunta), tal como distribuía a su Napoli. De allí que le haya faltado cierto pulso y tomar decisiones para cambiar el rumbo cuando el planteamiento en un partido no fue el acertado. Ante las posesiones inofensivas y sin profundidad, no hay algo que salga del libreto, y en mayoría de ocasiones no hubo cambio de ritmo para alterar las marcas del rival.
Solo los indiscutibles e infinitos recursos ofensivos de Palacio han logrado mantener con vida al Inter en los encuentros complicados en que pudo sacar un resultado de su conveniencia. El delantero argentino entiende el juego como pocos atacantes lo hacen en el mundo. Sabe cuándo ser apoyo, en qué momento ir al espacio, cuándo el equipo necesita que retroceda para descargar. Su inteligencia colectiva, además de saber llegar a posiciones de definición y ser el goleador, es lo que mantiene viva la esperanza del Inter de poder competir nuevamente en Europa. Por otro lado, más allá de que el compañero de ataque de Palacio haya alternado, hoy se nota la evolución y las cualidades de Icardi, después de apariciones mediáticas y lesiones.
 
Juego en estático: fallas defensivas
 
Como marcábamos unas líneas arriba, el Inter es un equipo que, en caso de perder la pelota en tres cuartos de campo, tiene un retroceso desordenado y sin tomar adecuadamente las marcas. Ahora bien, en los partidos en los cuales no es el que toma la iniciativa, casos que se observaron ante Roma o Juventus, el equipo también marca mal en estático.
Tanto Rolando, Ranocchia, como Samuel o Juan Jesús (los defensores que más han jugado en la temporada), dejan espacios cuando se cierran y el atacante no ve forzada la situación de salir hacia afuera con pelota para trascender y avanzar al arco de Handanovic. A esto, se suma que el Inter no defiende bien en zona las pelotas paradas; hasta ha perdido juegos que mereció ganar por no tener variantes de creación, generar una falta cerca de su arco y perder en las alturas.
 
La institución que hace poco tiempo compró el indonesio Thohir, junto con otros socios, y de la que todavía forma parte Moratti (anterior presidente), deberá comenzar a apuntar alto en su juego si quiere volver a certámenes internacionales. Por ahora, parece lejos de eso. Es un equipo que sabe qué hacer en su estilo, pero que cuando le cierran los espacios no encuentra otra manera. Sufre en la transición defensiva y tampoco toma bien las marcas en estático. Es la primera temporada de Mazzarri, pero en el Inter no hay buenos indicios