LAS COSAS CLARAS

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Gareth Southgate lo ha conseguido. Inglaterra está en semifinales de un Mundial después de 28 años. Lo logra, además, con una generación a la que no le sobra nivel de élite, pero que desde la pizarra del entrenador ha podido esconder falencias y explotar ciertas virtudes. 

Ante Suecia, Southgate procuró no caer en ninguna trampa. Inglaterra llegó a Rusia siendo una Selección que necesitaba metros para poder correr. Jess Lingard, Dele Alli, Raheem Sterling e incluso los carrileros Kieran Trippier y Ashley Young, son futbolistas de mucha más velocidad. Tienen más chances de sacar ventajas a campo abierto que en espacios reducidos. Y los dirigidos por Janne Anderson de seguro intentarían ejecutar su juego: bloque bajo, líneas muy juntas y juego directo para ser ellos quienes encuentren ventajas a la hora de atacar. La respuesta inglesa fue no asumir ninguna tarea que en realidad no desearan. Las posesiones, si bien tendrían un punto más en elaboración y uno menos en ritmo, serían lo más directas posibles, con balones en los costados.

Pero además, Southgate no se aventuró en ninguna misión que fuera desconocida para sus dirigidos. No presionó alto, porque Inglaterra, como decimos prefiere atacar espacios. Suecia intentó su juego directo de siempre, hacia Marcus Berg y Ola Toivonen, pero la última línea inglesa no sufre como otras allí: John Stones y Harry Maguire están preparados para ese tipo de retos. Pero además, la disposición táctica de cinco defensores y tres volantes, le permitió a Inglaterra estar siempre bien posicionada para la segunda jugada. En esa labor, fue fundamental el nivel de Jordan Henderson, termómetro del equipo.

Cuando la pelota parada -una vez más- sirvió a Inglaterra para abrir el encuentro, no hubo muchas más lecturas posibles. Suecia no había jugado ningún minuto en desventaja, ya que ante Alemania, el tiro libre de Toni Kroos fue lo último del partido. Hizo lo que debía: adelantar sus líneas, poner más gente a disposición de la segunda jugada, correr riesgos en defensa. Pero aquello no era algo para lo que estaban preparados. Algunas conducciones de Viktor Claesson aparentaron que los de Andersson podían poner en serios apuros a Inglaterra, pero cuando estuvieron cerca se toparon con un impenetrable Jordan Pickdord, que respondió a la perfección en cada disparo. Con la serenidad que otorga el estar tan cerca de romper el maleficio cuando nadie lo esperaba, Harry Kane y compañía siguieron aferrados a su sencillo plan y llegaron al segundo gol por intermedio de un interior -Dele Alli- en zona de rematador. Inglaterra, una vez más, no brilló, pero se muestra como un equipo práctico, liberado de presiones y muy efectivo de cara al arco rival.

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1994. Si no rueda una pelota me siento incompleto. Cuando sea grande diré que vi jugar a Messi. Disfruto de leer y escribir.

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