LA CUERDA DIJO BASTA

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Independiente enfrentó a su homónimo ecuatoriano con la intención de no repetir el planteo realizado quince días atrás ante Universidad Católica. Sebastián Beccacece decidió no repetir la línea de cinco. Optó esta vez por dos líneas de cuatro y una pareja ofensiva muy veloz, conformada por Sebastián Palacios y Francisco Pizzini. De entrada, el Rojo cedió la iniciativa pero se mostró reactivo una vez la pelota cruzaba la línea divisoria. Con orden, concentración, coberturas a tiempo y esfuerzos cortos, Independiente anuló a su rival durante gran parte de la primera mitad, e incluso dispuso de avances y contraataques que pudieron significar la apertura del marcador. Principalmente por banda derecha, donde coincidieron Nicolás Figal y Fabricio Bustos -en clara levantada de nivel-, los de Beccacece encontraron una vía de desequilibrio. Pero cuando el conjunto ecuatoriano comenzó a ejecutar su libreto, el partido fue en una dirección sin retorno.

Con un gran trabajo de su dupla ofensiva, Beccacece buscó buscó obstaculizar líneas de pase hacia Cristian Pellerano, cerebro del equipo rival. Y si bien la tenencia ecuatoriana no significó en un principio gran peligro para el arco custodiado por Martin Campaña, el solo hecho de que el conjunto ecuatoriano monopolizara la pelota comenzó a incidir en el físico de los futbolistas argentinos. Conforme pasaron los minutos, a Independiente le costó cada vez más realizar en tiempo y forma los apoyos en banda e imponerse en duelos individuales; encontrar frescura y resto físico para lanzar el contragolpe dejó de ser una posibilidad accesible como en los minutos iniciales. Beccacece se encomendó a una buena defensa del área. La cuerda comenzó a tensarse por demás.

El complemento siguió en aquella dirección. Independiente del Valle continuó con sus intentos de elevar el ritmo, buscar entre líneas y propiciar el mano a mano contra los laterales rojos. Si bien Nicolás Figal y Juan Sanchez Miño supieron responder en la mayoría de los casos, los apoyos de Bustos y Cecilio Domínguez eran cada vez más necesarios. Por eso Beccacece no tardó en refrescar con el ingreso de Martín Benítez en lugar del extremo paraguayo, que poco pudo aportar con la pelota en los pies. El desborde ecuatoriano se desató e Independiente no supo ponerle fin. No fue capaz de defenderse ni un sólo momento con la pelota. El plan se redujo a resistir como se podía, y con físicos demasiado diezmados para responder a la energía ecuatoriana. La cuerda se rompió cuando, a poco del final, la velocidad de Jhon Sánchez fue demasiado para un extenuado Figal. Martin Campaña y una correcta defensa del área habían mantenido la serie vestida de rojo, pero la perseverancia tuvo premio para los dirigidos por el español Miguel Ángel Ramírez. Para Beccacece y los suyos, quedará la sensación de que no pudieron encontrar variantes que le permitan responder a los constantes embates.

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1994. Si no rueda una pelota me siento incompleto. Cuando sea grande diré que vi jugar a Messi. Disfruto de leer y escribir.

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