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Como agua en el desierto necesitaba Independiente un triunfo de este calibre después del traspié en el Monumental ante River. Y es que, en estos tiempos, un enfrentamiento entre el Rojo y Vélez es una garantía de buen espectáculo y dos equipos que buscan con voracidad el arco rival.

Con las bajas de Nicolás Domingo y Francisco Silva, el puesto de mediocentro quedó vacante, en lo que se avizoraba como una preocupación capital en el armado previo del partido. Para desempeñar esa tarea, Ariel Holan se decidió por Pablo Pérez en el eje, mientras que Pablo Hernández y Juan Sánchez Miño -como en sus inicios en Boca-, se ubicaron a su lado conformando un mediocampo a todas luces ofensivo y con poca capacidad de contención. La ausencia de un 5 “clásico” tuvo dos consecuencias claras: sin poder cortar en ataque, Vélez llegaba con facilidad a tres cuartos rival; además, sin coberturas detrás, el tucumano Hernández vio limitadas las posibilidades de pisar el área rival, una de sus mejores virtudes y muy difícil de tomar de parte del rival.

En este contexto, Vélez vio sencilla la ocupación del campo rival y, con Matías Vargas y Agustín Bouzat fijados en las bandas, generó constantes momentos de superioridad numérica en el mediocampo, tanto para jugar como para presionar, cosa que dificultó mucho la tarea de Independiente en defensa. Fue así que en una fallida salida de Sánchez Miño, Bouzat le robó la pelota y habilitó a Leandro Fernández para convertir el gol inicial y estampar en el marcador la superioridad evidenciada en el campo. Por otro lado, como en sus partidos anteriores, el juego de Independiente se centró en la izquierda con Cecilio Domínguez, que tuvo a maltraer a Hernán De La Fuente durante toda la tarde en Avellaneda, aunque sin llegar a definir los buenos desbordes.

El segundo tiempo trajo nuevos aires al Libertadores de América. El ingreso de Fernando Gaibor por Gastón Silva, retrasando a Sanchez Miño a su habitual posición de lateral izquierdo, fue la solución que encontró a mano Holan para comenzar a disputar más la posesión de la pelota y avanzar con más criterio sobre el área velezana. Con el ecuatoriano en cancha, pesó más Hernandez en ataque y a Domínguez en la banda izquierda, se sumaron los constantes ataques de Sánchez Miño, una de las figuras del partido. Atacar mejor le permitió a Independiente solucionar problemas en el retroceso. Vélez comenzó a ceder terreno y a mermar en su físico. En una subida de Fabricio Bustos por la derecha, llegó el tan ansiado gol de Silvio Romero para marcar el empate al inicio del segundo tiempo.

Vélez ya no fue el mismo, y la respuesta no llegó desde el banco, tanto que Gabriel Heinze solo realizó una modificación. Independiente siguió con sus buenas combinaciones por dentro para generar el uno contra uno, mayoritariamente en la izquierda, donde Cecilio nunca mermó en su rendimiento y siempre fue una pesadilla para la defensa velezana. Justamente, una falta al paraguayo ex Cerro Porteño fue bien ejecutada por Gaibor, y en la segunda jugada Pablo Pérez convirtió el gol que decretó el triunfo de este irregular Independiente que hoy dio la talla en el complemento, con atisbos de aquel buen equipo de 2018. El triunfo, el desahogo y la necesidad de un partido ante un rival complicado como este Vélez, puede funcionar como un mapa para el equipo de Holan: el segundo tiempo es el camino a seguir. 

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