Ante la adversidad, carácter.

ANTE LA ADVERSIDAD, CARÁCTER

Independiente le regaló un gol a Gremio y se quedó con diez jugadores, pero ante esa adversidad recurrió al carácter. No sólo aplicado para disputar cada pelota, sino también para continuar con su idea. Por eso avasalló al campeón de América y llegó al empate en el primer tiempo. Por eso se fue despedido con aplausos.

Ariel Holan dispuso el esquema habitual de 4-2-3-1, con dos novedades: Fernando Gaibor fue quien acompañó a Nicolás Domingo en el doble pivote, y Jonathan Menéndez se quedó con el puesto de extremo izquierdo. No fueron decisiones menores; ambas tuvieron buen impacto colectivo. Desde los pies del ecuatoriano, Independiente solucionó problemas en la generación de juego y en la pegada. Con el ex atacante de Talleres, el equipo ganó una herramienta de constante desequilibrio. Al Rojo le costó apenas unos minutos interrumpir el plan de Gremio, que implicaba posesión de la pelota y una defensa parada lejos de su arco.

Una vez más, el gol se hizo esperar. Las primeras ocasiones no pudieron concretarse. Para peor, un error en la salida de Fernando Amorebieta le permitió a Luan demostrar su jerarquía y adelantar a la visita. La expulsión de Emanuel Gigliotti, se estimaba, haría el partido demasiado cuesta arriba. Pero Independiente respondió con carácter. Jugó cada pelota con la intensidad de siempre, para demostrarle a Gremio que no sería fácil llevarse el triunfo de Avellaneda a pesar de tanta adversidad. Y no sólo eso: el equipo de Holan siguió con su fútbol habitual. Dinámica en la posesión, juego por las bandas, asociaciones. El jugador menos no se notó. Independiente desbordó al campeón de América por cada sector de la cancha, hasta llegar al empate por la vía menos esperada: Gaibor hizo una primera demostración de su pegada y su centro vio red para poner el 1-1, que por lo demostrado en ese primer tiempo, fue mucho premio para la visita.

En el complemento, como era de esperar, el local sintió el gran desgaste realizado. Gaibor, que había sido importante para pasar de la fase de gestación a la de ataque, no escatimó esfuerzos defensivos para ayudar a Nicolás Domingo. Maximiliano Meza, obligado a hacer el recorrido de la banda, también comenzó a perder precisión. A Independiente le costó primero aguantar la pelota, y luego, presionar dónde lo había hecho minutos antes. Gremio se hizo dueño de la posesión. Holan hizo los cambios lógicos: Leandro Fernández para refrescar e inventarse alguna jugada, y Jonás Gutiérrez para reemplazar a Gaibor. Ninguno de los dos ingresados tuvo un buen rendimiento, pero el Rojo no corrió riesgos porque el bloque bajo fue compacto y gozó de buena concentración. El orden de Nicolás Domingo, la intensidad de Fabricio Bustos, la firmeza de los centrales -Amorebieta jugó un partido formidable tras su error- y el enorme esfuerzo de Meza y Jonathan Menéndez en los costados fue determinante para siempre ocupar los espacios. Este último, el recién llegado de Talleres, fue la figura de la cancha por su gran sacrificio en el retroceso y porque además, cada vez que tuvo la pelota en sus pies, puso en jaque a la defensa rival.

El empate en casa suena a poco para ir a definir a Brasil, pero por las circunstancias del partido, debe valorarse. Principalmente, porque Independiente demostró que tiene cómo dañar a Gremio. Jugó un partido que lo invita a ilusionarse. Así lo entendió el hincha, que a pesar del resultado, despidió al equipo con aplausos y se fue conforme con la entrega. Porque así se juegan las copas: sin guardarse nada.

Foto: FotoBaires