PAGÓ LA FALTA DE AMBICIÓN

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Como ante Palmeiras, Boca hizo un planteo falto de ambición y recién se propuso atacar cuando el rival se puso en ventaja. Pero en este caso el empate nunca llegó y fue derrota 1-0 en Avellaneda ante un Independiente que sin desplegar su mejor juego, fue superior. El escolta Godoy Cruz quedó a solo cuatro puntos y el mal funcionamiento del equipo, sumado a los errores de Guillermo Barros Schelotto, preocupan cada vez más.

Ante las lesiones de Carlos Tevez, Edwin Cardona y Paolo Goltz, Guillermo apostó por utilizar un cauteloso 4-1-4-1, con el debutante Agustín Almendra y Pablo Pérez por delante de Wilmar Barrios; Nahitán Nández y Cristian Pavón de extremos y Walter Bou de centrodelantero. El objetivo era neutralizar el circuito de juego de Independiente, que utilizó su clásico 4-2-3-1 con Martín Benítez de mediapunta intentando incomodar a Barrios.

Si bien Independiente tuvo un poco más la pelota que Boca, la primera mitad no tuvo un dominador claro. Ambos manejaron sin arriesgar demasiado e intentaron conservar el orden en un partido muy cortado. El Xeneize esuvo lejos del área rival, con Nández y Pavón demasiado retrasados y con pocas oportunidades para desbordar; Almendra y Pérez desconectados y Bou muy solo. Por eso, se repitió en envíos largos y prácticamente nunca puso en aprietos a la defensa del Rojo. Para colmo, Barrios salió lesionado, por lo que Pérez pasó a ser el volante de contención, puesto que no le sienta bien, e ingresó Emanuel Reynoso para jugar como extremo derecho y correr a Nández al puesto de interior. El equipo perdió al jugador que, jugando mejor o peor, suele cubrir todos los huecos en defensa, y lo sintió.

Al visitante le duraba poco la pelota y sufría cuando su rival aceleraba: el conjunto dirigido por Ariel Holan, con un juego más directo -aunque con lagunas- tuvo las mejores chances en los primeros 45 minutos. Benítez le ganó algunos duelos a Barrios y luego a Pérez, mientras que Gonzalo Verón inquietó por la derecha. De todas formas, Independiente tampoco tuvo demasiada profundidad y el primer tiempo dejó la sensación de que ninguno de los dos equipos tuvo una buena actuación.

El local salió a jugar el segundo tiempo con mucha más intensidad y velocidad, haciendo las transiciones rápidas para aprovechar el flojo retroceso del rival, que se agudizaba por tener como volante central a un lento Pablo Pérez. Boca también intentó salir rápido de contraataque y hubo unos minutos en los que el partido fue de ida y vuelta, con escasa participación de los mediocampistas. El local fue el que mejor lo aprovechó: luego de una pérdida de Pavón ante Nicolás Figal en ataque, el equipo volvió muy mal y el Rojo, por intermedio de Benítez y una floja reacción de Agustín Rossi, se puso en ventaja.

Al igual que en el partido ante Palmeiras, Boca se acordó de atacar recién cuando recibió un gol. El equipo se adelantó y Reynoso, de escaso aporte, empezó a tirarse más al medio para participar más del juego. Guillermo puso a Ramón Ábila y el equipo buscó mucho con centros al doble nueve o en su defecto, rematar desde afuera. Pavón, que también tuvo una mala noche, empezó a recibir más la pelota para encarar mano a mano al lateral y exigió constantemente mientras que del otro lado, la alternativa era Leonardo Jara. En ese tramo, Wanchope tuvo la más clara con un tiro en el palo. Independiente jugaba retrasado y le cedía terreno a Boca, quien avanzaba con más empuje que claridad. A su vez, el Rojo seguía saliendo rápido de contraataque aprovechando el deficiente retroceso de su rival, con Emmanuel Gigliotti pivoteando bien en varias ocasiones. En los últimos minutos, el visitante acorraló al local en su arco, pero a diferencia de varios partidos en el año, no tuvo suerte en el último tiro.

Hace mucho tiempo que Boca viene bajando claramente su rendimiento. La idea de juego de Guillermo se plasmó muy pocas veces en 2018. Ha ganado varios partidos gracias a buenos rendimientos de Barrios, Pavón y Tevez o con goles agónicos que han ayudado a tapar las falencias del equipo. El técnico notó esto y en los dos últimos encuentros apostó por mantener el cero en su arco, lo que no pudo lograr, y renunció casi por completo a atacar. Además, desde el banco se vienen tomando decisiones erróneas durante los partidos, sumado a la nula rotación que se hizo y que produjo lesiones musculares en los jugadores más importantes. El mal funcionamiento hace que la gran mayoría del plantel se encuentre en un nivel bajo -y no al revés-. El caso del que más se habla es el de Rossi, a quien se lo nota totalmente falto de confianza. El equipo tampoco se muestra inteligente para leer el juego y eso se refleja especialmente en Pablo Pérez, quien además de que jugó mal la mayoría de los partidos en el año, muestra actitudes impropias para un capitán. Lo mejor parecería ser encarar de otra manera los partidos que restan, ganar la Superliga, pasar de fase en la Libertadores y luego replantearse muchísimas cosas.

FOTO: Rincón de Boca
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