ARQUEROS, PALOS E ILUSIONISTAS

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Independiente y River jugaron uno de los partidos más interesantes que se recuerden en fase final de la Copa Libertadores. Fue un encuentro en el que ambos se respetaron, pero aún así, mostraron respuestas para lastimar a su rival. Un tiempo para cada uno, en los que predominó el cierre de espacios para luego lastimar en rápidas transiciones y con muchos jugadores. Series tan igualadas se definen en detalles; los mismos pueden ser errores, que por cierto, no faltaron en la cita, pero de uno y otro lado hubo arqueros de mentalidad ganadora y cualidades admirables. Martín Campaña y Franco Armani fueron los responsables de que la velada acabe sin goles.

Marcelo Gallardo mantuvo su 4-4-2 a pesar del ingreso de Juan Fernando Quintero. El colombiano, arma letal cuando cuenta con libertad y opciones de pase, debió jugar recostado hacia la derecha y si bien dejó pinceladas, sufrió por el alto ritmo y la obligación de perseguir a Juan Sánchez Miño, la carta elegida por Ariel Holan a último momento tras conocerse la baja de Ignacio Fernández. La propuesta de River no fue muy distinta a la usada contra Racing en el primer partido, pero esta vez sin expulsados, pudo pasar a la segunda fase del plan luego de achicar espacios. El visitante dejaba a Independiente tener la pelota, esperaba el momento oportuno para activar la presión y realizar la transición. Los laterales fueron el reflejo de aquella velocidad con la que River intentó llegar al área una vez recuperaba. Pero sobre todo, el cambio de ritmo de Gonzalo Martínez fue el argumento diferencial para quitarse rivales de encima y atacar de frente a la última línea, que ante tantos llegadores acababa por ceder y resignarse al quehacer de Campaña, siempre correcto en sus intervenciones.

El cambio realizado por Holan mejoró mucho a Independiente, que cedió la pelota y atacó espacios.

Visto el panorama de la primera mitad, Ariel Holan no tardó en echar mano a su equipo, en lo que fue una decisión que marcó el resto del partido. Con Francisco Silva amonestado, el entrenador de Independiente apostó por una variante que ya utilizó con frecuencia: tres centrales que cubran a los delanteros de River, dos carrileros largos, dos centrocampistas y tres delanteros. Es cierto que ya en la primera mitad, Nicolás Domingo ejercía casi como líbero, pero el ingreso de Gastón Silva le permitió a éste jugar dedicidamente como volante central y elegir los momentos para intentar la recuperación. El cambio también benefició a Alan Franco y sobre todo, a Nicolás Figal, que mejor cubierto a sus espaldas, se mostró con una confianza determinante en cada anticipo y conducción. Incluso Pablo Hernández, de escaso protagonismo en la primera mitad, se mostró muy cómodo con la función de poner a correr compañeros en lugar de ser el organizador. River ya no tuvo tantos espacios ni pudo encontrar mal parado al local, y además, debió asumir mucho más protagonismo en ataque posicional. Así como Independiente en el primer tiempo había sufrido al ver a su rival replegado, el Millonario se vio casi obligado a una tenencia que no fue elegida. Los errores y desacoples se pronunciaron de su lado; de no ser por un fenomenal Franco Armani e incluso por los respectivos palos, el Rojo habría conseguido abrir la serie.

Gallardo, como Holan, también tomó decisiones rápidas al ver que su equipo no la pasaba bien. Dar ingreso a Rodrigo Mora y Camilo Mayada le significó mayor capacidad de retroceso en las bandas. En esos momentos, además, Independiente dio ingreso a más velocistas capaces de dañar al espacio: Ezequiel Cerutti y Martín Benítez ocuparon los costados con Maximiliano Meza en carril central detrás de Emmanuel Gigliotti, en una formación que sólo incluía a Hernández en la mitad de la cancha. Por dibujarlo, un 5-1-4, pero a diferencia de la primera mitad, a los laterales la pelota le llegaba con un pase previo menos, que significó menos segundos para que River se posicione y llegue a tapar líneas de pase. Claro que el ritmo al que jugó la visita en el primer tiempo también acabó por afectar a la frescura física para ejecutar el plan inicial. En los últimos minutos, y viendo lo cerca que habían estado de sufrir un gol, ambos miraron el cero en su arco con buenos ojos, pero el espectáculo fue de primer nivel, lleno de competitividad, con talento y táctica capaces de marcar la diferencia; con arqueros determinantes, postes protagonistas e ilusionistas que irán a El Monumental con el grito de gol atascado en la garganta.

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1994. Si no rueda una pelota me siento incompleto. Cuando sea grande diré que vi jugar a Messi. Disfruto de leer y escribir.

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