DUELO DE VARIANTES

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Adaptarse a las condiciones y poder solucionar las propias. Ese parece ser el mensaje que Gabriel Heinze quiere demostrar en cada partido dónde le falte un jugador clave en el esquema. Esta vez fue Gastón Gimenez. El reciente entrenador de Huracán, Antonio Mohamed, parece entender lo mismo: readaptar el equipo bajo la ausencia de Carlos Auzqui. Lo que no cambia es la idea. Ambos mostraron firmeza en su juego, pero con capacidad para encontrar variantes.

Primeramente, Huracán dominó el partido en varios espacios. La presión alta hizo que Vélez recurriera a balones en largo, dónde los locales estaban bien posicionados. Esto generaba que la tenencia del balón sea de el equipo de Mohamed, girando el juego alrededor de Patricio Toranzo (con la responsabilidad de intentar unir las líneas de forma veloz, para no darle referencias a los volantes rivales) e Israel Damonte, el encargado de marcar el ritmo posicional del equipo. Sin embargo, Huracán buscó constantemente saltar ese sector del mediocampo dónde Robertone-Galdames-Dominguez pueden ofrecer una contención 1-1 rigurosa para generar juego interior, además de que los de Heinze siempre achican hacia adelante para recuperar el balón. Ante esto, cobró importancia lo que hacían Lucas Gamba y Juan Garro por cada uno de los sectores del ataque, formando un 4-3-3 con los volantes de Vélez corriendo desde atrás y cometiendo muchas infracciones.

El grito “Estamos lejos de Toranzo y Damonte” de Heinze ejemplifican la buena lectura que hace el entrenador de los problemas de su equipo al momento de darle efectividad a una recuperación en campo contrario. Vélez, con imprecisiones y descoordinación, sufrió mucho la presión durante el primer tiempo. Constantemente dejaba un espacio en el mediocampo que era aprovechado por Toranzo, para luego conectar con los delanteros. La manera que encontró Heinze para cambiar este problema fue retroceder un poco más a Gandames, lo cual impedía que el ex Racing se coloque en espacios internos que le generaban mucho daño.

Con el paso de los minutos y el retorno de la precisión y la confianza -y un mejor nivel de Lucas Robertone-, Vélez pudo desarrollar mejor su juego. A manera que el balón pasaba rápidamente a un ataque transicional, con hasta siete hombres en campo contrario, y podía tener movilidad cuando la manera de atacar era posicional, el equipo fue cambiando de esquema táctico de 4-3-3 a un 3-4-3 con mucho juego interior y laterales lanzados al ataque. Es para destacar el trabajo que hace cada jugador para encontrar el desmarque de su compañero, liberando líneas de pase para el que tenga la pelota y siempre profundizando por los costados. Un gran trabajo colectivo que ya es un sello en el Vélez de Heinze.

Huracán redondeó un buen partido en lo táctico. No sólo supo suplir la falta de Auzqui, sino que le dio una responsabilidad mayor a Gamba, que terminó siendo el mejor jugador del equipo. Saltar las líneas y tener la voluntad y movilidad de los delanteros es la misma receta que utilizó contra Racing, y parece ser un plan valorado por Mohamed ante equipos que eligen tomar el protagonismo. A la vez, no podemos deducir rápidamente que Huracán es un equipo que juegue constantemente al contraataque y sea rígido defensivamente, ya que su esquema ha cambiado de 5-3-2 a un 4-4-2. Incluso, cuando necesitaba un mayor ritmo en el segundo tiempo, colocó tres delanteros y con Iván Rossi cumpliendo un rol de centrojás más adelantado. La flexibilidad táctica de Mohamed le ha permitido incomodar al rival, a priori superior, en estos dos partidos. Será muy interesante ver cómo se desarrolla cuando enfrenta a equipos de menor jerarquía, dónde puede desarrollar mejor los tintes de su exitoso Monterrey.

Por: Sebastián Parnes

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