NI JUEGO NI ALTERNATIVAS

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Si esta nota fuera un copy-paste del análisis del partido que jugó Boca ante Estudiantes la semana pasada, posiblemente el lector no se daría cuenta. El conjunto de Guillermo Barros Schelotto, aunque cambió algunos nombres, repitió los mismos errores que aquel día, ya que Huracán le tapó a los creativos y lo obligó a jugar en largo, exponiendo la falta de un nueve de área que pudiera recibir esos envíos. Ante eso, no hubo un plan B y el equipo, que siguió insistiendo con la misma fórmula, se volvió previsible y solo pateó al arco una vez en todo el partido. El local, por su parte, presionó e incomodó muy bien al Xeneize, logrando jugar gran parte del encuentro en campo rival, pero tampoco tuvo lucidez en los últimos metros y el 0-0 fue el resultado más lógico.

Aunque uno de los motivos de los cambios fue que en la semana Boca debe visitar a Libertad, es probable que también hayan tenido que ver los problemas en la elaboración que se venían arrastrando. En ese sentido, la vuelta de Fernando Gago prometía mejorar dicho aspecto, pero aunque él y Agustín Almendra no tuvieron un mal partido, el 4-4-2 de Gustavo Alfaro se enfocó en neutralizarlos, con Iván Rossi ocupándose del primero e Israel Damonte del segundo, mientras que el colombiano Andrés Roa se paraba delante de Wilmar Barrios. Huracán empezó el partido presionando de manera muy intensa, lo que hizo que al visitante no sólo le durara poco la pelota, sino que se parara muy atrás, tuviera las líneas separadas y le quedara lejos el arco de Marcos Díaz. Mauro Zárate estuvo rodeado de defensores que se quedaron sin problemas con los despejes de Esteban Andrada, Leonardo Balerdi y Lisandro Magallán. Por su parte, Cristian Pavón y Sebastián Villa estuvieron demasiado estacionados en la banda y participaron poco del juego, y además no tuvieron una referencia de área para conectarse.

Huracán, que se quedó con la mayoría de las divididas, pudo tener la pelota en buena parte del primer tiempo en campo rival y logró sufrir poco y nada en defensa ante un equipo de jerarquía. Así, las pocas veces que Boca encontró espacios, cuando su rival no aguantó la presión y se cayó físicamente al final del primer tiempo, debió salir rápido de contraataque y desarrollar un juego directo, con Gago jugando de primera y Almendra desprendiéndose, pero prácticamente no generó peligro. De todos modos, los de Alfaro tampoco tuvieron profundidad, con un Roa que participó poco en el primer tiempo y un Andrés Chávez bastante impreciso. Lo mejor vino por las bandas, sobre todo a partir de la entrada de Juan Garro, que entró por la lesión de Walter Pérez y se paró en la izquierda.

El local empezó el segundo tiempo al igual que el primero, de una manera muy intensa, y además le sumó mucho mejor juego por la izquierda. Garro tuvo a maltraer a Julio Buffarini durante toda la noche, y desde ese lado surgieron las mejores jugadas de Huracán, que pudo haber abierto el partido a través de Carlos Auzqui y de Chavez. El partido se volvió de ida y vuelta, ya que Boca en algunas ocasiones logró salir rápido, pero Pavón tuvo un mal partido y desperdició varios ataques. Esta vez Guillermo no esperó a que le convirtieran para jugar con un centrodelantero, y puso a Ramón Ábila por Villa, a quien le llegó muy poco la pelota. Unos minutos después, ingresó Edwin Cardona por Zárate, volviendo al clásico 4-3-3 que tan solo se abandonó por un instante. Ambos jugadores entraron muy bien y fueron de lo más claro del equipo, con el ex Cruzeiro pivoteando bien en algunas ocasiones, y el colombiano limpiando el juego desde la izquierda. Además, el equipo aprovechó que Huracán estaba cansado y de a poco iba entregando terreno, lo que también se debió a la mejora de Barrios en el segundo tiempo. En los últimos minutos, ya definitivamente el Globo se tiró atrás y le cedió la posesión a Boca, que chocó mucho y no generó peligro, salvo con un buen remate de Buffarini. De todas formas, en el local entraron Lucas Gamba y Patricio Toranzo y el Globo siguió intentando, pero sus contraataques no prosperaron.

Boca, que venía de un semestre con altibajos en cuanto al rendimiento, ya suma demasiados partidos seguidos jugando mal. Cambian muchos jugadores pero los problemas siguen siendo los mismos, y el técnico no puede o no quiere resolverlos. Llama la atención que después de la mala actuación ante Estudiantes, se haya insistido en jugar sin un nueve clásico en un partido que presentaría similares características. Antes se apostaba a que la jerarquía de algunas individualidades salvara al equipo, pero ahora ni siquiera se ve un contexto propicio para que suceda eso porque los mejores jugadores prácticamente no tocan la pelota. Y si bien se puede discutir sobre nombres propios -los escasos minutos que se les da a Carlos Tevez, Emanuel Reynoso, Gino Peruzzi o Sebastián Pérez-, cuando hay tantos niveles bajos, la responsabilidad suele venir de más arriba.

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