UNA NUEVA MUESTRA DE CARÁCTER EN BRASIL

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Tras la derrota por 1-0 sufrida en el Monumental en el partido de ida, River afrontaba la revancha ante Gremio en Porto Alegre con un panorama más que complicado. Aunque la distancia en el resultado era corta, el equipo brasileño se había mostrado muy compacto y convencido de su plan en el primer encuentro. Marcelo Gallardo sorprendió una vez más con la formación elegida, decantándose por un 4-3-1-2 con Ignacio Fernández y Lucas Pratto otra vez entre los titulares y dejando en el banco nada menos que a Gonzalo Martínez, quizás el jugador más desequilibrante del plantel. El local, por su parte, apostaba por el mismo once que había triunfado en Argentina, con la salvedad del ingreso de Paulo Miranda en lugar del suspendido Walter Kannemann.

Al igual que en el primer choque, desde el pitazo inicial fue River el que tomó la iniciativa y mostró una actitud más ambiciosa. Gremio apostó nuevamente por el repliegue (por momentos de forma exagerada), pero esta vez sin tantos duelos ganados y con un nivel de orden y disciplina bastante menor. Esto, agregado al hecho de que el Millonario manejó la pelota con fluidez y sus hombres ofensivos tuvieron una mayor movilidad, derivó en una primera media hora de juego muy favorable para el equipo argentino, con posesiones largas, juego por dentro y buenas apariciones de los laterales por fuera. En este lapso fue muy importante la labor de Javier Pinola en el inicio del juego, realizando conducciones para atraer rivales y encontrar compañeros en condiciones ventajosas. Rafael Santos Borré desperdició una chance clara al minuto de juego, y Exequiel Palacios estuvo cerca de marcar en dos oportunidades con buenos remates desde afuera del área. El dominio era cada vez más grande, y el gol parecía ser una cuestión de tiempo. Sin embargo, por esas cosas que hacen del fútbol un deporte tan encantador, los dirigidos por Renato Portaluppi encontrarían la ventaja en su peor momento. Se trató de un tanto muy marcado por el azar, ya que la jugada contó con dos rebotes fortuitos que ayudaron al Tricolor a abrir el marcador.

En la segunda etapa, el partido se emparejó y comenzó a parecerse mucho más al que se había jugado hace una semana. River, ya con Enzo Pérez y “Pity” Martínez en cancha en lugar del lesionado Leonardo Ponzio y de un errático Fernández, acusó el golpe anímico del gol recibido y se mostró mucho menos claro en el manejo de la pelota. Gremio cortó el ritmo de juego sistemáticamente y, con la entrada de Everton por el capitán Maicon, se convirtió en un equipo mucho más peligroso en el contragolpe. Para colmo, la desesperación hizo que los espacios sean cada vez mayores, por lo que el segundo gol de los locales parecía estar al caer. Franco Armani salvó un mano a mano que podría haber significado la eliminación, y Juan Fernando Quintero dejó su lugar a Ignacio Scocco de cara a la media hora final. El Millonario siguió buscando con más determinación que lucidez, y un tiro libre frontal que cayó sobre el área terminó siendo desviado por Borré para sentenciar el empate y devolverle la esperanza a un equipo al que le estaba costando demasiado encontrar los caminos. A partir de ese momento el partido se quebró: mientras que en Gremio comenzaron a reinar el nerviosismo y las imprecisiones, River se envalentonó y volvió a encerrarlo dentro de su área como en el primer tiempo. Y cuando faltaban menos de cinco minutos para la finalización del encuentro, llegaría la jugada clave. Scocco remató, la pelota se desvió en el brazo izquierdo del futbolista brasileño Bressan y, a instancias del VAR, Cunha cobró penal. Tras un largo rato de protestas y discusiones, Gonzalo Martínez remató cruzado para decretar el 2-1 final.

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