Independiente luchó hasta las últimas consecuencias.

HASTA LAS ÚLTIMAS CONSECUENCIAS

Independiente cayó por penales ante Gremio en la Recopa Sudamericana, luego de jugar 150 de 210 minutos con un hombre menos. El enorme esfuerzo para no ser doblegado por el último campeón de América es un aviso de cara a la competitividad que puede alcanzar en las próximas competencias.

Para visitar la casa de Gremio, Ariel Holan decidió el regreso de Diego Rodríguez a la titularidad. Esto le permitía adelantar unos metros a Fernando Gaibor, que como doble cinco adelantado rinde mejor, pero ante la jerarquía del rival, podía desgastarse muy rápido ya que la intención de Gremio sería tener el control de la pelota. Aún así, especular no le dio frutos a Independiente, ya que el conjunto local fue un vendaval de fútbol durante los primeros minutos, basando su superioridad en una movilidad constante de los receptores que hacía demasiado difícil el trabajo defensivo. El Rojo no podía respirar porque sus extremos terminaban muy abajo y porque Leandro Fernández no es un delantero que se especialice en aguantar la pelota de espaldas y darle tiempo a sus compañeros para que lleguen a servirle de apoyo.

No obstante, tal y como sucedió en Avellaneda, al quedar Independiente con un jugador menos, Gremio vio difíciles los caminos. Los de Holan se vieron obligados a juntar sus líneas en exceso y los espacios desaparecieron. Claro que para que el plan sea efectivo, se necesitaba de una concentración suprema y un desgaste ejemplar, pero Independiente tuvo ambas cosas. No se iba a dejar doblegar con facilidad; Gremio estaba obligado a ser lúcido en la búsqueda de espacios, los cambios de ritmo y la paciencia para no frustrarse, pero no cumplió con esas condiciones y estuvo lejos de ser el equipo furioso de los primeros minutos. Generó situaciones porque posee individualidades que en un movimiento pueden maquillar la falta de ventajas colectivas.

Hubo actuaciones fundamentales para que Independiente pueda aguantar una vez más el resultado: Nicolás Domingo, el principal sostén, mostró una lectura del juego brillante; ordenó al resto de sus compañeros, decidió con maestría dónde, cuándo y a quién debía presionar para que Gremio no pueda avanzar con peligro. Un escalón más abajo en el campo de juego, Alan Franco casi no perdió duelos y cuando lo hizo, logró recuperarse a tiempo. Nicolás Figal ingresó con una solidez que varias veces se le reclama: buena ubicación y sus excelentes condiciones físicas para ser el líder en despejes; los extremos también debieron prestarse a un trabajo defensivo que no permitía fallas, y cumplieron: Maximiliano Meza, Jonathan Menéndez y Martin Benítez debieron pensar y ejecutar como si fueran defensores, con el agregado de también tener la responsabilidad de estar lúcidos para decidir y permitirle al equipo descansar con pelota o lanzar algún contraataque; esta última función dejó algo más que desear, pero resulta lógico ante el gran esfuerzo físico y mental al que estaban sometidos.

Por su parte, las decisiones de Holan una vez expulsado Fernando Amorebieta, resultan irreprochables. Fernández sufría el partido y la salida de «Torito» Rodríguez -amonestado- para poner a Benítez fue un ejemplo de que en la cabeza del entrenador estaba no eliminar todas las vías de llegar al arco rival; también supo reconocer cuándo el ingreso de un nueve tradicional como Silvio Romero era necesario para permitirle al equipo salir del agobio con un envío en largo. Pero sin duda alguna, es el compromiso que muestra Independiente en todo momento lo que reconforta al hincha a pesar de la derrota, y lo que ilusiona de cara a lo que viene. Hay fútbol, pero también carácter y una entrega ejemplar que ubican al Rojo en el mapa internacional como un rival que usa todos los recursos a su alcance para no ser derribado.