MBAPPÉ FUE DEMASIADO

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Lionel Messi condiciona al fútbol desde que debutó como profesional, y es por eso que tanto Didier Deschamps como Jorge Sampaoli hicieron ajustes en función del impacto que podía tener el astro en el partido. Francia salió con sus dos líneas de cuatro bien marcadas, pero con la modificación de Paul Pogba como pivote derecho y N’Golo Kanté pivote izquierdo para reducir o ensuciar las apariciones del rosarino. El entrenador argentino, en cambio, quitó un centrodelantero de área para intentar que sea Messi el rematador, además de tomar recaudos contra la dinamita francesa en ataque. Sampaoli fue claro en la previa: Argentina saldría a buscar un ritmo bajo que impida a Francia correr hacia adelante. Pero la apuesta, coherente si se quiere, no funcionó. En sólo diez minutos de partido, Kylian Mbappé generó dos foules cerca del área y un penal.

Las únicas buenas noticias para Argentina eran que dos de las vías francesas no lograban activarse: Paul Pogba no lograba imponerse ante Éver Banega -en un duelo de volantes creativos que se destacaron más por el empeño en anular al otro- y Nicolás Otamendi se mostraba firme en el duelo ante Olivier Giroud. Pero ya en desventaja, la estrategia pensada por Sampaoli perdió sentido. Francia replegó y la circulación argentina carecía una vez más de ritmo y sorpresa. Además, Mbappé intimidaba cada vez más al espacio y en cualquier galopada podía sentenciar el encuentro. La albiceleste no progresaba en el campo y por enésima vez, Messi retrocedió muchos metros para tener contacto con la pelota y jugar de frente. Pero en ese contexto, el jugador del Barcelona sí que necesitó un delantero más de área para fijar a la última línea y poder tener a alguien para que descargue en las puertas del área. Así las cosas, Messi debía bajar, asociarse, poner en situación favorable a algún compañero -intentó más con Cristian Pavón que con Ángel Di María- y llegar a zona de remate para finalizar. Por suerte para Argentina, Di María marcó un gol de otro partido y devolvió la esperanza.

Otro gol mediante una jugada aislada que no coincidía con el momento del partido, hizo soñar a Messi y compañía, pero el trámite traía más imprevistos: Benjamín Pavard anotó el que de seguro será el gol de su carrera, y la Albiceleste se desmoronó. Francia, que por antecedentes podía comenzar a obnubilarse con el correr de los minutos, esta vez se repuso de inmediato y volvió al partido mejor de lo que estaba. Otra escalada de Lucas Hernández con centro al área encontró una serie de rebotes en la que sólo Mbappé, por instinto, velocidad y pasta de crack, logró imponerse. El delantero del Paris Saint-Germain era mucho para una Selección Argentina falta de confianza y fútbol. Quedaba media hora por delante, pero el necesario ingreso de Sergio Aguero por Enzo Pérez significó también más espacios en mitad de cancha, a los que Javier Mascherano, por edad, nivel, físico y tarjeta amarilla recibida, no podía cubrir siempre. Fueron los minutos de Francia, y por supuesto, de Kylian Mbappé, que puso el cuarto en una jugada nacida desde los pies del arquero Hugo Lloris.

Argentina siguió siendo un cúmulo de nervios e impotencia, como lo fue a lo largo de todo el Mundial, con sola excepción del primer tiempo ante Nigeria. La entrega estuvo, pero el fútbol no. Sólo una gesta de Messi podía torcer el rumbo de la historia, pero el genio se contagió de la frustración generalizada. No fue el que sabe ser, aunque Sampaoli estuvo demasiado lejos de propiciarle un escenario competitivo. Aún así, el diez se las ingenió para escapar a los centrales e intentar un remate que salió débil, dio una gran habilitación a Aguero, al que le bloquearon el remate, y en la agonía del encuentro asistió con maestría al propio Kun. Argentina por momentos pudo soñar, pero desde que llegó a Rusia también fue consciente de que sería muy difícil jugar los siete partidos. Por eso no sorprende la eliminación en Octavos de Final y ante una Selección llena de jerarquía; lo que predomina es la tristeza, por haber estado cerca e incluso con ventaja en el marcador. Pero Mbappé fue demasiado y puso fin a otra historia sin final feliz.

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1994. Si no rueda una pelota me siento incompleto. Cuando sea grande diré que vi jugar a Messi. Disfruto de leer y escribir.

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