EL RIVER DE LOS JUGADORES

0

En un partido chato pero con goles, el conjunto Millonario igualó 2-2 con Flamengo en condición de visitante. En ambos casos, debió remontar la historia con goles de Rodrigo Mora y Camilo Mayada. El funcionamiento lejos, pero apareció la rebeldía de los jugadores.

Mucho se hablaba en el correr de la semana de que River estaba ante la oportunidad de una buena reivindicación. En un estadio sin público, un rival no poderoso y con la posibilidad de revelarse. Pero Marcelo Gallardo frenó el carro de esas alusiones cuando confirmó un 11 inicial distinto. Con el ingreso de Jonathan Maidana por Javier Pinola y un mediocampo que en las características individuales se apreciaba más combativo y cauto: Leonardo Ponzio y Bruno Zuculini en el medio; Enzo Pérez y Nicolás De La Cruz por los costados. Aún así, se encontraban similitudes con ese River campeón que jugaba con doble pivote y dos mediocampistas, uno de desborde y otro que interiorice.

El partido fue tomando curso en función de mediciones mutuas y con poca generación de juego. El equipo del Muñeco buscaba asfixiar al rival en mitad de cancha con Zuculini y Ponzio como ejes. La intención era que Diego Ribas y Lucas Paquetá tuvieran poco tiempo para pensar y no lastimaran con los pases interiores que los caracterizan. De momento funcionó, y cuando lograban superar esa línea de presión, los ataques de Flamengo no prosperaban.

Pero así como está lo positivo, también aparece lo negativo. River neutralizó bastante bien al rival pero al mismo tiempo se olvidó de jugar. No encontró frescura con la pelota ni tampoco tuvo un jugador eje que empiece a crear juego. Los movimientos fueron repetitivos y fáciles de persuadir: Ponzio en el eje, Zuculini un tanto más adelantado, Perez bien abierto y De La Cruz interactuando y cambiando con Mora. Al no haber otras alternativas, moría la improvisación.

El segundo tiempo mantuvo el mismo criterio hasta que en el área Ponzio enganchó a Diego y Henrique Dourado cambió el penal por gol. Al instante River fue a buscar y se encontró con un empate tempranero de Mora, a través de una pelota parada. Pero los errores individuales volvieron a aparecer en el Millo, con una mala decisión de Lucas Martinez Quarta: no achicó y dejó libre a Everton Ribeiro, que puso el 2-1.

A River se le escapaba el partido y necesitaba alternativas que de a poco piden ser pilares en el equipo. El ingreso de Juan Fernando Quintero una vez más le dio criterio a un River desprolijo y atontado en lo conceptual. También ingresaron Camilo Mayada e Ignacio Scocco, buscando algún destello individual que marque la diferencia. En una jugada aislada, el uruguayo sacó un remate que se coló junto al palo inferior derecho.

Con esto, el equipo argentino no despertó de su eterna siesta de falta de funcionamiento y monotonía ofensiva. Pero al menos encontró un espíritu de competencia que en muchos casos lo hizo sacar los partidos hacia adelante. Es por eso que River fue de los jugadores; porque no se vislumbra que el equipo haga algo buscado, planificado en detalles o desde el análisis previo. El mérito fue la insistencia y la rebeldía de algunos jugadores que permitieron encontrar un punto valioso de visitante. El empate puede dar confianza para mejorar, pero si no hay un cambio de timón en la faceta ofensiva, River no será más que un conjunto de buenas voluntades.

Por: Matías Quaranta

Share.

About Author

El fútbol de otra manera.

Do NOT follow this link or you will be banned from the site!