La transformación de Mancuello.

LA TRANSFORMACIÓN DE MANCUELLO

El camino de la B Nacional es despiadado. Al menos para un equipo grande que en 108 años de historia no había conocido la categoría. Independiente, con lo justo, consiguió retornar a Primera. Subió al tren cuando éste empezaba a acelerar. Y resulta muy difícil encontrarle algo positivo a ese año en la segunda categoría del fútbol argentino, pero dicen que de todo lo malo se saca algo bueno. Y para el club de Avellaneda, ese buen sabor fue la resurreción de Federico Mancuello.
  
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Cuando el zurdo usaba la 10, y era poco voluntarioso.
Cuando debutó en 2008 demostraba tener potencial. Se destacó muchísimo en las divisiones menores, donde él mismo reconoció: «En inferiores no era voluntarioso. No corría a nadie, pero hacía 15 goles por torneo». Por aquel entonces, era un volante goleador que usaba la 10. Pero al llegar a Primera, se recostó a la banda izquierda y jugó definitivamente en el mediocampo. Las sensaciones fueron buenas. El medio partidario Independiente1905 relata en una de sus crónicas: «Seguramente, el mayor mérito de Santoro en este Independiente achacoso, es la promoción de Mancuello, un zurdo con una dinámica mayor que cualquiera de sus compañeros. Va y vuelve con igual determinación, y no desentona con la pelota». Sin embargo, el tiempo comenzó a correr y el nacido en Reconquista no conseguía explotar definitivamente. Pasaban entrenadores, y pasaban también compañeros. Planteles con poca jerarquía y sin referentes que lleven a los juveniles a buen puerto. Y así se llegó a 2013, con irregularidad y un préstamo a Belgrano de Córdoba en el medio. Aquel zurdo criterioso, era uno más entre tantos zurdos. Flotaba por el sector izquierdo, pero sin peso alguno. En ese lapso, apenas se pudo observar un buen tándem con Lucas Mareque, cuando Américo Rubén Gallego conducía a Independiente.
La lucha por mantener la categoría también fue un martirio para Independiente. Y principalmente, para todos los juveniles que salieron del club. La mayoría de ellos tuvieron que ponerle el pecho al momento más bravo de la historia, y el resultado fue negativo. El descenso no se pudo evitar, y de Mancuello apenas se recuerda una tonta expulsión ante Atlético Rafaela, en la que demostró ingenuidad e inmadurez, pero también impotencia y dolor por el momento del club. El objetivo era plasmar esa bronca adentro de la cancha, pero con fútbol. Y el nacido en Reconquista empezó a conseguirlo cuando anotó el primer gol de Independiente en la B Nacional, en el 2-2 ante Aldosivi. Pero luego, el progreso se diluyó, como la campaña de Independiente. Mancuello sufrió otra tonta expulsión (ante Ferro), y funcionó durante toda la temporada como un comodín: jugó de mediocampista izquierdo, de lateral, y también algunos partidos como volante central. Sus características ya eran distintas a las que mostraba en inferiores, pero el principal cambio radicó en la actitud. Aquel pibe que no corría a nadie, ahora corría a todos, jugara en la posición que jugara. No tenía gol (apenas 8 en más de 100 partidos), pero se imponía como titular mostrando un amor incondicional por la camiseta. Cuando todo era duda, miedo, incertidumbre, falta de aptitud y actitud, Mancuello puso todo de sí mismo. Las pidió todas, corrió a todos, recuperó mucho, gambeteó otro poco, llegó al fondo y con el escaso aire que le quedaba tiró centros desaprovechados por sus compañeros. Eso no figura en ninguna estadística. Solo aparece en las primeras ovaciones que el zurdo comenzó a recibir, por ejemplo, cuando el ascenso se concretó y el volante (que jugó infiltrado la final ante Huracán) estalló en un llanto de emoción y desahogo.
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Cuando todo era alegría y euforia, Mancuello estalló en un conmovedor llanto en soledad que se viralizó y empezó a meterlo en el corazón del hincha.
La levantada personal se confirmó en 2014, con el regreso de Independiente a Primera División. Algunos -sobre todo la gente grande- hinchas del ‘Rojo’ se rehusaban a deshacerse en elogios ante Mancuello argumentando que «es pura garra», y «en Independiente se aplaude el talento, no el sacrificio», pero el zurdo abriría un nuevo capítulo en su carrera: el más entretenido. En el debut, marcó un golazo ante Atlético Rafaela. Luego, volvió a convertir en Bahía Blanca, con una fantástica definición «de tres dedos». Gritó hasta el llanto su gol de la victoria en el clásico ante Racing, y se le fue haciendo costumbre… Banfield, Quilmes, River, Tigre, Godoy Cruz, Central y Newell’s, fueron víctimas de la transformación de Mancuello. ¿Las claves? La posición: Jorge Almirón lo ubicó en el centro del campo, y Mancu se sintió cómodo. Desde ahí, controló los partidos. Todo pasó por su zurda, que ahora, transformada, sabe manejar mejor los tiempos, nunca la pierde y siempre cede a un compañero, sea en corta o larga distancia. Esa zurda que le pega con maestría. ¡Y hasta la tiene clara para hacer goles olímpicos! Cuando empezó a levantar su nivel, al zurdo le dieron la cinta de capitán, y no se achicó. Al contrario: se agrandó aún más. Como si fuese un superhéroe, apareció en los momentos más difíciles. Lleno de confianza, con el autoestima por las nubes, picó al vacío una y otra vez: porque ahora ve espacios vacíos que antes no encontraba. También se animó a disparar al arco con mucha frecuencia: 54 disparos lo ubican como uno de los jugadores con más remates en el torneo. Mancuello volvió a encontrarse con aquella faceta talentosa y goleadora de las divisiones inferiores, pero mejorada: también le agregó sacrificio y un amor por la camiseta que se demostraba con buenas actuaciones y no en tontas expulsiones.

mANCUEHace muchísimos años que el fútbol argentino no veía una proyección individual como la del volante de Independiente. Sus 10 goles redondean una temporada fantástica e impensada que lo transforma en el mejor jugador del torneo. Solo el caso de Lucas Pratto en Vélez se le asemeja en términos de influencia para con sus equipos. Hace mucho tiempo también, que por Avellaneda no emergía la figura de un lider positivo dentro y fuera de la cancha. Porque Mancuello no solo es noticia los fines de semana. También da el ejemplo día a día, trabajando siempre para ser mejor, con humildad y sacrificio. Junto a su amigo «Ruso» Rodríguez, supo escuchar y aconsejar a los juveniles que hoy están donde el ya estuvo: la pensión del club. Solo tiene 25 años, y por palabras de Gerardo Martino, la convocatoria a la Selección solo es cuestión de tiempo. Quien pague 5 millones de dólares, se quedará con este talentoso volante creativo, ofensivo, con gol, sacrificio, panorama y pegada. Lo extrañará el fútbol argentino, pero sobre todo, lo extrañará el hincha de Independiente. El joven, que vio pocos con su talento y liderazgo, y también el más grande, el que vivió los mejores momentos del club, pero ya no puede negar los hechos, y vibró durante todo el torneo, orgulloso en un grito: «Mancueeeello, Mancueeeeello»

Nota publicada originalmente en Diciembre de 2014..