PARTIR AL CAMPEÓN

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Estudiantes de La Plata se metió por la ventana a los Octavos de Final de la Copa Libertadores. Por eso, y por tener un plantel renovado con muchas caras juveniles, estaba lejos de partir como favorito en la serie ante Gremio de Porto Alegre, último campeón del certámen. No obstante, Leandro Benítez diagramó un planteo a partir del cual sus dirigidos podrían esconder falencias, crearle interrogantes a la visita y encontrar posibilidad de crecer en el partido desde aspectos muy puntuales. El esquema elegido fue un 4-1-4-1 que tuvo a Iván Gómez como pivote. Por delante suyo actuaron los cuatro hombres determinantes para llevar a cabo el plan: Pablo Luguercio, Fernando Zuqui, Lucas Rodríguez y Matías Pellegrini. Estos fueron los encargador de partir a Gremio en dos. Entre la primera y la última línea del equipo brasileño, hubo muchos metros; adueñándose del mediocampo, Estudiantes pudo no sólo controlar, sino someter al último campeón de América.

La tarea de Zuqui y Rodríguez fue fundamental. Ambos fueron sobre el doble pivote de Gremio, conformado por Maicon Souza y Cícero Santos. Pero además, el Pincha respaldó a sus dos interiores con los extremos en un escalón similar: cuando los volantes visitantes buscaban pase a sus costados con los respectivos laterales, tanto Luguercio como Pellegrini encimaban para obligar un envío largo. Si en alguna ocasión la presión resultaba en primer instancia fallida, Estudiantes agregaba despliegue para volver a pasar la línea de la pelota, y sumaba a Gómez en los relevos para entorpecer la circulación. Este último, el pivote, estuvo igualmente muy atento a los movimientos de Luan Vieira, la carta de ataque más creativa de los dirigidos por Renato Portaluppi.

Estudiantes corrió, mordió, recuperó y salió muy rápido con sus juveniles a la cabeza.

El plan de Benítez, sin embargo, también tuvo muy comprometido a su futbolista más adelantado: Francisco Apaolaza se puso el overol para ser un obstáculo más en la salida visitante; incluso, fue quien recuperó en la jugada que él mismo culminó con un golazo desde afuera del área. A partir de esa ventaja obtenida, Estudiantes fue un torbellino de confianza, ganas, intensidad y garra. Llegó con ventaja numérica a cada duelo; recuperó casi siempre lejos de Mariano Andújar, e incluso realizó transiciones rápidas hacia el arco rival. El 2-0, vía pelota parada, fue merecido, ya que Gremio no hacía pie en el campo de juego, superado con claridad. Pero sobre el cierre de aquella excelente primera mitad Pincha, Walter Kannemann pescó un rebote y decretó el descuento. La serie no volvería a ser la de antes.

Estaba claro que mantener la intensidad iba a ser muy difícil para Estudiantes, pero a eso, se sumaba el hecho de que Gremio hubiera conseguido lo que buscaba: el gol de visitante. Con el 2-1, el conjunto brasileño recuperó calma y pelota, ante un rival que decayó en lo físico. El ritmo del encuentro estuvo lejos de repetirse en el complemento, pero la principal diferencia fue que el local ya casi no pudo contragolpear. Consciente de que sacar la pelota limpia desde el fondo era difícil, Luan comenzó a retrasarse unos metros para generar superioridad numérica, pero en contrapartida, el arco le quedaba demasiado lejos. La expulsión de Zuqui confirmó la tendencia de un Gremio dominante aunque sin profundidad. La segunda mitad pasó prácticamente sin que ocurriera nada. Ninguno arriesgó demasiado en vistas de que el rival tenía argumentos para lastimar. Al fin y al cabo, se trata de partidos de 180 minutos. Estudiantes dio el primer paso, pero deberá pensar cómo repetir lo del primer tiempo para que sus chances de clasificación sean más elevadas.

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1994. Si no rueda una pelota me siento incompleto. Cuando sea grande diré que vi jugar a Messi. Disfruto de leer y escribir.

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