NO LO DEJÓ SER

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En su visita a La Plata, Racing no pudo mostrar el funcionamiento que lo llevó a coronarse campeón de la última Superliga Argentina. Mucho mérito tuvo el planteo elegido por Gabriel Milito para cortar el circuito de juego visitante. El entrenador de Estudiantes estudió la salida de Eduardo Coudet, y decidió colocar a Nahuel Estévez sobre Marcelo Díaz para incomodar en los primeros pases. Por su parte, Mateo Retegui, un futbolista muy enérgico, fue el hombre más adelantado y buscó que los centrales rivales orienten la salida hacia los costados para que, una vez la pelota allí, el bloque local pueda comprimirse y asfixiar al poseedor.

Pero si algo caracterizó al Racing campeón fue la cantidad de variantes para plasmar su idea. Los tres volantes por delante de Díaz mezclan mucha dinámica y buen pie. Ante esto, Estudiantes cubrió el carril central con Enzo Kalinski, Iván Gómez y el volante externo opuesto al del sector donde se encontraba la pelota. Es decir, si la Academia atacaba por derecha con Renzo Saravia, Manuel Castro, volante de la otra banda, cerraba su posición para no permitirle superioridad numérica a Racing. Gracias a una gran intensidad en los primeros minutos, Estudiantes logró que el campeón tuviera problemas para que su tenencia tenga ritmo y precisión en la búsqueda del hombre libre.

Fueron unos buenos 20 minutos iniciales del local, pero la intensidad comenzó a mermar. Racing -que siempre estuvo a uno o dos toques de desatascar el ataque- logró estirar sus posesiones y empujar al Pincha hacia su arco. Le bastó con un cuarto de hora para ponerse en ventaja gracias a una buena colectiva que tuvo a Darío Cvitanich -el más claro de la Academia en la noche platense- como factor diferencial. Incluso, minutos antes, el ex delantero de Banfield había avisado con una fenomenal asistencia que dejó a Augusto Solari mano a mano. La diferencia fue que Jonathan Cristaldo sí pudo superar la resistencia de Mariano Andújar.

El gol recibido revitalizó a Estudiantes, que recuperó la intensidad del inicio, pero acompañada de una mayor claridad en la tenencia. Con Enzo Kalinski como eje, los dirigidos por Milito se adueñaron de la pelota y organizaron mejor los ataques. En el segundo tiempo, el León profundizó en esta búsqueda y sintió que era su momento en el partido, hasta aprovecharlo con un gran centro de Castro que encontró sólo a Matías Pellegrini, la joya de la casa. El zurdo de 19 años es un futbolista muy vertical en sus acciones, con interesante uno contra uno y buena capacidad para retener la pelota. Su cansancio significó una pérdida de sorpresa en cada ataque de Estudiantes, que tras conseguir el empate volvió a ser un equipo más racional, medido en sus posesiones, sin arriesgar demasiado para que la jerarquía de Racing no vuelva a florecer y apropiarse de la escena. Al fin y al cabo, en el único momento favorable a la visita, el marcador se movió. Que el campeón haya tenido apenas un lapso de dominio es un buen logro para un equipo aún en formación como lo es Estudiantes.

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1994. Si no rueda una pelota me siento incompleto. Cuando sea grande diré que vi jugar a Messi. Disfruto de leer y escribir.

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