EL NUEVO DIBUJO DE TABÁREZ

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Uruguay tuvo un inicio de Mundial muy apagado a pesar de los triunfos conseguidos ante Egipto y Arabia Saudita. Circulación pausada, previsible, sin juego entre líneas ni capacidad de desborde. Pero Óscar Washington Tabárez tomó nota y en el tercer partido, ante Rusia, cambió de dibujo táctico e intérpretes. La jugada salió bien, dejó mejores sensaciones y no sería de sorprender que ante Portugal, por los Octavos de Final, la Celeste salga a la cancha con los mismos once que golearon al anfitrión.

La decisión de Tabárez lejos está de ser conservadora. Al contrario: el entrenador comprobó que el nuevo mediocampo estaba carente de muchas cosas para alcanzar un buen ataque posicional, y movió piezas en busca de profundizar aquella idea. Uruguay va camino hacia más pelota y menos repliegue porque así sienten el fútbol sus mediocampistas, pero en los dos partidos iniciales no hubo armonía colectiva. Por eso, el paso a un 4-3-1-2 es una respuesta a aquellos problemas. Rodrigo Bentancur pasó a jugar como enlace, y tocó mucho menos la pelota pero más arriba: sólo 30 pases dio el ex Boca ante Rusia, mientras que ante Egipto dio 87 y vs Arabia Saudita, 81.

Tener un jugador entre líneas, permite que Luis Suárez y Edinson Cavani tengan mayor libertad de movimientos, puedan caer con frecuencia hacia los costados. Eso posibilita hacer ancho el ataque y hacer girar a la defensa. Pero es sobre todo la presencia de Diego Laxalt como lateral izquierdo la que dota al ataque uruguayo de amplitud, velocidad y desborde. El futbolista de Genoa también intervino más (y más arriba) que Martín Cáceres cuando actuó allí. Y aunque la inclusión de Laxalt suene arriesgada por sí misma de cara a la fase final del Mundial, allí está también la inclusión como titular del joven Lucas Torreira, la carta para realizar relevos, recuperaciones, y empujar hacia adelante al resto de los volantes.

Quienes completan el nuevo dibujo son Cáceres como lateral derecho de menor recorrido que Laxalt, y Nahitan Nandez desdoblándose como volante externo para atacar e interno para defender. Quizás alguien como Carlos Sánchez pueda dotar al sector derecho de más desborde, pero el futbolista de Boca tiene más intensidad y ubicación, factores necesarios a la hora de replegar, ya que hay un jugador menos en esa faceta del juego (Bentancur). Pero en definitiva, lo que hace Tabárez es profundizar en una idea, llevar las posesiones más arriba, escuchar las características de su nueva generación y dotar al equipo de nuevas armas ofensivas. El espíritu de lucha, la garra charrúa y el corazón caliente para jugar la clase de partidos que se avecina, seguirá presente, sólo que ahora existen nuevas herramientas.

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1994. Si no rueda una pelota me siento incompleto. Cuando sea grande diré que vi jugar a Messi. Disfruto de leer y escribir.

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