Independiente no hizo pie en Venezuela.

NO HIZO PIE

Independiente jugó un partido para el olvido y cayó 1-0 en su visita a Deportivo Lara. Al equipo le costó hacer pie en un imperfecto terreno de juego, y los locales ejecutaron un planteo inteligente que cobró aún más sentido tras ponerse en ventaja.

El triunfo ante Banfield invitaba a ilusionarse, ya que Independente había dado pasos hacia la dirección pretendida. Pero lejos estuvo su debut en Copa Libertadores de confirmar aquello. La idea de hacerse protagonistas a través de la pelota tuvo dos obstáculos: el mal estado del campo de juego y la buena presión que ejerció Deportivo Lara. El control de la pelota, la conducción y los pases estuvieron condicionados por el primer factor. Del resto se encargó el conjunto local. Cada vez que un jugador de Independiente perdía un tiempo para controlar, se desataba la presión obligando a desprenderse de la pelota con incomodidad. Este plan estuvo respaldado por marcajes individuales en toda la cancha, y cobró aún más sentido en los minutos posteriores al gol de Carlos Sierra para abrir el marcador.

En ese contexto, la mayoría de los casos en los que Independiente llegó a posiciones favorables se dieron por juego directo. Envíos largos con alguien que ganaba el duelo aéreo y otro que rompía al espacio. Pero la terminación nunca fue la adecuada. Por citar un ejemplo, Jonathan Menéndez suele desequilibrar a base de velocidad, pero el arranque nunca pudo ser tal en ese terreno. Desde el ataque posicional todo fue aún más forzado; se requería de una acumulación de buenas decisiones que no aparecieron. Hizo falta movilidad para romper los marcajes individuales con superioridad numérica. En algunas pocas oportunidades se encontró la gambeta inicial en gambetas de Maximiliano Meza o Martín Benítez, pero luego faltó más precisión y constancia; esto último no fue posible porque los inconvenientes estaban ya desde la salida de la pelota, donde Lara encimó muy bien a Nicolás Domingo, obligando al Rojo a jugar hacia los costados y jugar con doble limitación: la marca rival y la línea de banda.

El ingreso de Juan Manuel Martínez por Menéndez resultó lógico por tratarse de un jugador que podía primero hacer pie e intentar la gambeta en lugar de correr, pero coincidió con una lucidez que se fue perdiendo minuto a minuto. Independiente comenzó a fastidiarse, impacientarse y decidir aún peor de lo que ya lo hacía. Apenas algunos avances de Juan Sánchez Miño por izquierda desestabilizaban a la defensa venezolana, aunque también cabe destacar que el lateral también sufrió mucho a la hora de defender al extremo José Reyes. Tampoco fue bueno el ingreso de Leandro Fernández, un futbolista que nunca encontró su fuerte en detalles técnicos como control de pelota o precisión en los pases y tampoco pudo hacer pie al ingresar al campo.

Algunas situaciones pudieron crearse por mera jerarquía individual y empuje, pero también Deportivo Lara tuvo claras opciones al contraataque, ya que el retroceso de Independiente, como todas las demás facetas del juego, no fue bueno. Tal es así que lo conveniente será olvidar el partido, hacer borrón y cuenta nueva, trabajar en base a las mejoras mostradas ante Banfield y recuperar confianza de cara a lo que queda, que no es poco y es suficiente para redimirse.

Foto: La Nación