CONFIANZA RUSA

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La Selección de Rusia llegó a su propio Mundial con más dudas que certezas. No obstante, los dos primeros partidos han sido un soplo de aire fresco, confianza e ilusión. Stanislav Cherchesov llegó a los días previas con el esquema sin decidir. Apostó por un 4-4-1-1 con Alan Dzagoev bien cerca de Fiódor Smólov, pero tras la lesión del primero debió centralizar a su jugador más técnico e imaginativo: Aleksandr Golovin.

El nuevo acomodo dio lugar en banda izquierda a uno de los jugadores con más roce internacional. Denís Chéryshev, zurdo que actúa en Villarreal, entró en buen nivel y aportó goles para que la confianza rusa vaya en alza. La otra variante se debió sólo al nivel: el gigante Artem Dzyuba reemplazó a Smolov y es una carta super interesante viendo su dominio del juego aéreo y de espaldas. Ante nivel de creatividad escaso, Rusia puede buscar a su centrodelantero y éste es propenso a aguantar, esperar a sus compañeros o bien girar, pero en cualquiera de los dos casos, aporta continuidad en campo rival.

Para completar el buen estado de forma, en la mitad de la cancha han erigido las figuras de Roman Zobnin y Yuri Gazinski, dos futbolistas muy físicos, de despliegue y recuperación. Con ellos cerca de la pareja de centrales conformada por Iliá Kutépov y Serguéi Ignashévich, Rusia se ha vuelto un bloque defensivo confiable, al menos ante rivales sin tanta imaginación ofensiva como Arabia Saudita y Egipto. Pero eso no quita méritos, ya que el plan se completa con verticalidad a la hora de pasar mitad de cancha. Si bien Golovin es quien maneja los tiempos y no es un velocista, sabe lanzar los contraataques a los que se suman Cheryshev y Samedov en los costados, o bien los propios laterales, Mario Fernándes y Yuri Zhirkov.

Uruguay será una buena medida para la confianza rusa. El juego directo sobre Dzyuba encontrará una pareja de centrales de élite pura como José María Giménez y Diego Godín. Y en área propia, también habrá un desafío mayor a los recientes. Quizás si Zobnin y Gazinski sigan en ese nivel sea suficiente para frenar a una Celeste que llega sin mucho ingenio y conseguir el primer puesto. O por qué no, si Golovin encuentra espacios entre líneas, soñar con el puntaje ideal en la primera ronda de su propio Mundial.

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1994. Si no rueda una pelota me siento incompleto. Cuando sea grande diré que vi jugar a Messi. Disfruto de leer y escribir.

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